lunes, 31 de diciembre de 2018

Desde JPC, FELIZ 2019

Para no faltar a la costumbre y como hago cada año, me gustaría desearos a todos que tengáis un fantástico año 2019 pleno de éxitos tanto en el plano personal como profesional.

Recordad los buenos momentos y las lecciones que hayáis aprendido a lo largo de este 2018 y haced que el 2019 sea el mejor año de vuestras vidas.
¡¡¡¡¡FELIZ 2019!!!!!

Segeda, el poblado que cambió nuestro calendario.

Hoy despedimos el año con vosotros contando una historia la mar de curiosa. Cerca de la zaragozana localidad de Mara podemos encontrar los restos de lo que fue una de las más importantes ciudades de la tribu de los belos: Segeda.  De esos restos destaca lo que queda de sus muros, los cuales tienen una enorme importancia para el devenir histórico de buena parte del mundo occidental. Pero no por la singularidad de la propia construcción, sino por las consecuencias que conllevaron el simple hecho de ser levantados.

En el año 154 a.C., Segeda era, como he comentado, una de las ciudades más importantes de la tribu celtíbera de los belos, algo que nos constata el hecho de que tuviera la capacidad de acuñar su propia moneda. De hecho justo en ese momento estaba sufriendo un proceso de gran crecimiento, absorbiendo ya fuera de forma pacífica o por la fuerza a otros pequeños poblados de la zona, declarando así su intención de ser el núcleo dominante del valle del Jalón. Ante este crecimiento poblacional, la ciudad necesitaba expandirse y por tanto aumentar el perímetro de sus murallas para dar cabida a los nuevos espacios.

Pero aquí venía el problema. Ya durante la Primera Guerra Celtibérica (181-179 a.C.) las tropas romanas vencieron, no sin dificultades, a una coalición celtíbera para mantener la seguridad de la parte de Hispania que estaban ocupando desde hacía solo unas décadas. Tras la victoria, Roma impuso diversas condiciones, entre las cuales constaba la prohibición de que las tribus celtíberas pudieran levantar murallas en las nuevas ciudades.

Al tener conocimiento de este crecimiento de Segeda y de la nueva muralla, Roma manda enseguida a unos embajadores exigiendo la paralización inmediata de las obras, que desde su punto de vista contravenían lo pactado anteriormente. Sin embargo, los segedanos valoraban los tratados firmados con los romanos desde otro punto de vista. El pacto venía a decir que estaba prohibido amurallar nuevas ciudades, pero Segeda no era una nueva ciudad, sino una antigua que estaba creciendo y necesitaba ampliar sus límites. Además, parece ser que no esperaban la dura reacción por parte de Roma, que llegaría poco después. Segeda se negó a detener las obras, ante lo cual Roma consideró rotos los tratados de paz y declaró la guerra. Quizás pueda parecer desproporcionada tal acción al comparar el inmenso poder de Roma con respecto a la de un poblado de la Celtiberia, pero lo que desde luego el gobierno de la República no quería era dar ejemplo al resto de tribus celtíberas y que estas hicieran lo que les viniera en gana, pudiendo provocar un nuevo levantamiento.

Zona arqueológica de Segeda, Belmonte de Gracián, Zaragoza, España

El hecho es que la respuesta romana no tardó en llegar, y fue contundente. En lugar de ser enviado el pretor de la Hispania Citerior, una especie de cargo de gobernador provincial, se envió a la península a uno de los dos cónsules elegidos para ese año. Haciendo aquí un inciso,  durante la época de la República el cargo de gobierno más importante era el consulado, para el cual cada año eran elegidos dos ciudadanos, que tenían potestad de legislar además de dirigir las legiones. Es decir, que el hecho de que Segeda no respetara el tratado alcanzado anteriormente era visto realmente como una seria amenaza, visto que fue el cónsul Fulvio Nobilior el enviado junto a sus legiones en lugar del pretor de turno.

Pero aquí se planteó otro problema. Hasta apenas unas décadas antes, los dominios de Roma apenas salían de la península itálica, lo que permitía seguir el modelo tradicional de guerra, el cual consistía en luchar durante la primavera y el verano mientras que a finales de este los legionarios, que no eran soldados profesionales sino ciudadanos con tierras, regresaban a sus casas para recoger la cosecha. Esto no había presentado obstáculo alguno hasta entonces, pues las distancias a recorrer entre el frente de guerra y los hogares de los soldados eran aceptables. Pero con el comienzo de la expansión por el Mediterráneo esto ya sí que se convierte en un problema, pues rompía ese esquema tradicional de guerrear al aumentar la lejanía del campo de batalla. Y en el caso de Hispania este era un problema aún más grande, y esto lo motivaba el calendario romano tradicional.

Según este, el año comenzaba cuando eran elegidos los cónsules para ese año, es decir, en los idus de marzo, que caían el día 15. Pero claro, entre que los cónsules realizaban diversas ceremonias, se reclutaban las legiones, se armaban, se entrenaban, se preparaba el abastecimiento, embarcaban e iban a Hispania, se encontraban que llegaban al frente cuando prácticamente acababa el verano, perdiendo así la etapa más propicia para las campañas militares. De hecho, de ese comienzo del año en el mes de marzo nos siguen quedando recuerdos en la actualidad. Septiembre, noviembre o diciembre se llaman así porque por aquél entonces eran los meses séptimo, noveno y décimo del año, cosa que evidentemente ahora no concuerda.

La nueva guerra celtibérica iniciada por la rebeldía de Segeda provocó ese hándicap de fechas, y finalmente el senado romano decidió en el año 153 a.C. adelantar las elecciones al consulado y por tanto el comienzo del año romano a las kalendas de enero, es decir, al día 1 de enero, para así ganar tiempo y que las legiones llegaran a Hispania a comienzos del verano. Esto se mantuvo así y el calendario romano es el origen del calendario que los países occidentales han mantenido hasta nuestros días con diversas variaciones. Pero en esencia, la culpa de que las uvas nos las comamos la noche del 31 de diciembre al 1 de enero y no a mitad de marzo la tuvo un poblado celtíbero situado muy cerquita de la actual Calatayud.

Pero, ¿qué fue de esos rebeldes habitantes de Segeda? Bueno, por no alargarme, solo diré que el avance romano les pilló de sorpresa y con las nuevas murallas a medio hacer, así que decidieron abandonar su ciudad y refugiarse en la famosa Numancia, capital de los arévacos, la capital de otra de las tribus celtíberas. Juntos, y junto a otros pueblos, lucharon durante años, poniendo en jaque a las tropas de uno de los Estados más poderosos de la historia de la humanidad.

Fuente: blog de Historia de Aragón.
Imágenes: servicio de Google imágenes.

lunes, 24 de diciembre de 2018

Desde JPC, FELIZ NAVIDAD

Como cada año que pasa y desde que emprendí la aventura de escribir este blog, para no perder esta sana costumbre, quiero desearos a todos una muy Feliz Navidad. Y sobre todo, que la celebréis llenos de gozo y alegría, junto con todas aquellas personas que os quieren y aprecian. Y si habéis tenido algún problema, aparcad vuestras diferencias, aunque sea solo por unos pocos días.


Tampoco puede faltar mi agradecimiento por haber sacado una miguita de vuestro tiempo y por haberos dado una vueltecita por el blog.

¡¡¡ FELIZ NAVIDAD !!!

viernes, 21 de diciembre de 2018

35 años del España 12-1 a Malta

Miércoles 21 de diciembre de 1983. Hace ahora exactamente 35 años, se disputó, a las 20:30, el que durante mucho tiempo fue considerado el partido más importante de la historia de la selección española de fútbol. Se trató del encuentro decisivo de la fase de clasificación para la Eurocopa de Francia de 1984. Esta se componía de siete grupos, y en uno de ellos se encuadraban las selecciones de Irlanda, Islandia, Malta, Países Bajos y la nombrada España.

Desde el principio, estas dos últimas dejaron clara su superioridad sobre todas las demás. Ambas llegaron como líderes del grupo a la última jornada, en la que España se enfrentaría a Malta. Tan solo el que finalizara esta fase de grupos como líder se clasificaría de forma directa para la Eurocopa.
 
La previa

El conjunto nacional llegaba al partido necesitando dos hechos: ganar y hacerlo por una diferencia de once goles o más a favor. Esto se debe a que los holandeses sumaban trece puntos, mientras que España once -por aquel entonces la victoria se premiaba con dos puntos-. En el apartado de goles, los Países Bajos sumaban 22 a favor y seis en contra, por los doce a favor y siete en contra de los españoles.
 
Malta llegaba como última del grupo, con una única victoria, y habiendo sido goleada a manos de la propia selección de los Países Bajos por 5-0 apenas cuatro días antes. La selección estaba formada en su gran mayoría por jugadores amateurs. La victoria de España parecía asegurada, pero no tanto así la goleada, que era indispensable para lograr superar a los Países Bajos en la clasificación.
 
El encuentro se disputaría en el Estadio Benito Villamarín, ubicado en Sevilla. El seleccionador, Miguel Muñoz, citó a tres jugadores del Athletic Club de Bilbao -Andoni Goikoetxea, Manuel Sarabia y Andoni Zubizarreta-, tres del FC Barcelona -Lobo Carrasco, Marcos Alonso y Tente Sánchez-, tres del Real Madrid -Carlos Alonso Santillana, José Antonio Camacho y Ricardo Gallego-, tres del Real Zaragoza -Francisco Güerri, Juan Señor y Salvador García-, dos del Real Betis -Poli Rincón y Rafael Gordillo-, uno del Sevilla FC -Paco Buyo- y otro del Sporting de Gijón -Antonio Maceda-.
 
Para que todos estuvieran disponibles, la Real Federación Española de Fútbol adelantó la jornada 16 de La Liga de aquella temporada. El combinado nacional se preparó durante una semana en el Parador de Oromana, en Alcalá de Guadaira.
 
Con Luis Miguel Arconada -portero titular de la Selección por aquellos años- lesionado, la titularidad iría a parar a Buyo o Zubizarreta, ambos sin experiencia internacional. Por si fuera poco, Gallego se lesionó tres días antes del partido, teniendo que ser sustituido por Víctor Muñoz, jugador del Barcelona.
 
Malta aterrizó en España dos días antes del partido, y pudo realizar una sesión de entrenamiento en el Villamarín, la cual no se completó con normalidad debido a las fuertes lluvias. En declaraciones previas al encuentro, el seleccionador maltés, Victor Scerri, confesó que saldrían a defender y evitar la goleada española para así gozar de un "final digno".
 
Por su parte, John Bonello, portero titular del equipo y uno de los pocos jugadores del país que contaba con experiencia internacional -jugó un año en un modesto equipo alemán, el SC Herford-, declaró que "no volvería a mi país si me marcasen once goles".
 
Lo cierto es que España venía de una desastrosa actuación en el Mundial de 1982, celebrado en el propio país. Tan solo sumaba un título, la Eurocopa de 1964, y no había ganado por goleada un partido de 1970, cuando venció por 7-1 a Chipre. Por si fuera poco, el partido de ida ante los malteses, disputado en La Valeta, se saldó con un ajustado 2-3.

El partido

Miguel Muñoz alineó a Buyo, Goikoetxea, Camacho -quien portó el brazalete de capitán-, Maceda, Señor, Gordillo, Víctor Muñoz, Sarabia, Carrasco, Santillana y Poli Rincón. Las intensas lluvias de los días anteriores provocaron una baja entrada, de apenas 30.000 localidades -algo más de la mitad del aforo total-.
 

España salió desde el minuto 1 a buscar el gol, pero los obstáculos comenzaron a aparecer. Señor falló un penalti, y pese a que Santillana marcó el 1-0 en el 15', los malteses lograron empatar en el minuto 24. El primer tiro a puerta del conjunto visitante, obra de Silvio Demanuele, rebotó en Maceda y se introdujo en la portería defendida por Buyo.
 
Malta comenzó a cerrarse atrás, aunque con claros fallos defensivos. El propio Santillana firmó un hat-trick volviendo a anotar en el 26' y el 29'. Pese a ello, el partido se marchó al descanso con 3-1 en el marcador. España necesitaba nueve goles más.
 
Fue en la segunda parte cuando los jugadores dirigidos por Miguel Muñoz desplegaron un vendaval ofensivo que culminó una gesta impensable. Poli Rincón marcó en el 47' y el 57'. Maceda, en el 62' y el 63'. De nuevo Rincón, quien firmó su hat-trick en el 64'. Santillana no quería quedarse atrás y marcó su cuarto gol en el 76'. Rincón no se 'amilanó' e igualó el registro de su compañero en el 78'. Finalmente, Sarabia anotó en el 80' el 11-1.
 

España necesitaba un gol y tenía diez minutos por delante. La afición fue llenando el estadio a lo largo de esta segunda parte, pero la obra se culminó de forma agónica. Malta no hacía más que perder tiempo tirando el balón fuera deliberadamente, mientras que España falló hasta cuatro ocasiones de manera consecutiva.
 
Finalmente, en el minuto 84, Juan Señor marcó, mediante un rechace desde fuera del área, el 12-1. La euforia invadió a todo el país. El narrador de Televisión Española, José Ángel de la Casa, conocido por su estilo sobrio, no pudo evitar exclamar con un grito: "¡Gol de Señor!". Unas palabras que quedaron registradas en la memoria colectiva del país.
 

España continuó atacando, e incluso vio como a Gordillo se le anulaba el que hubiera sido el 13-1 por fuera de juego. Fue en ese momento cuando alrededor de treinta personas saltaron al terreno de juego, siendo desalojadas por la policía y los propios futbolistas españoles.
 
Pero eso no impidió que, en cuanto el colegiado -el turco Erkan Göksel- pitara el minuto final, se produjera otra invasión de campo. La fiesta se alargó hasta altas horas de la madrugada, y Televisión Española suspendió su programación habitual para narrar lo que acaba de suceder. Era historia de España y del deporte.

Las consecuencias

España logró, de esta forma, clasificarse para la Eurocopa de 1984, donde llegó hasta la final, ante la selección anfitriona, Francia. Los jugadores fueron paseados a hombros y felicitados por Javier Solana, por aquel entonces ministro de Cultura.
 
Los Países Bajos se tomaron la 'derrota' -perdieron el primer puesto- con deportividad, reconociendo el resultado como justo y afirmando, por medio de sus seleccionador, Kees Rijvers -quien no quiso ver el partido-, que "los milagros también existen en el fútbol".
 
Por su parte, Malta se sintió humillada. El presidente de la Asociación de Fútbol de Malta se marchó del estadio con el 10-1, el seleccionador fue despedido y la propia Asociación denunció ante la UEFA un supuesto mal comportamiento por parte de la afición española.
 
Se abrió una investigación para esclarecer los motivos de la derrota, sospechando de implicación por parte de los jugadores malteses. Se llegó a la conclusión de que el principal problema de Malta era su bajo nivel. Fue a partir de esta histórica derrota que se impulsó el fútbol a nivel profesional en el país.
En 2006, John Bonello, objeto de muchas críticas por los 12 goles encajados, participó en un anunció de la cerveza Amstel definiéndose como "el amigo perfecto", lo que le valió para ser aún más vilipendiado por sus compatriotas.

No exento de polémica

Cuando todo parecía cerrado, en marzo de 2018 se reabrieron viejas heridas. En un reportaje emitido por Fiebre Maldini, algunos jugadores de aquella selección de Malta acusaron a los españoles de haberles drogados: "Recuerdo que entró al vestuario un hombre pequeño vestido de blanco con una bandeja grande con limones cortados. Me sentía borracho, como su hubiese estado toda la noche de fiesta".
 
Por si fuera poco, también denunciaron el uso de esteroides por parte de los futbolistas españoles: "Mi hermano es culturista y por eso sé lo que pasa cuando tomas esteroides. La energía que tenían los españoles era algo fuera de lo normal. Noté durante el partido que les salía ácido líquido de la boca. Ese es uno de los efectos de tomar esteroides. Algunos jugadores tenían espuma blanca en la boca".
 
Camacho no se mordió la lengua y respondió a tales ataques con su particular verborrea: "Están compinchados entre ellos para decir esto. Que entre un señor bajo, vestido de blanco y ofreciendo limones... Coño, pues no los cojáis. ¿Todos tomaron limones? Me parece una locura. Están demostrando que tienen muy poca categoría deportiva. Hemos pasado toda clase de controles y nunca hemos tenido nada. Eso de la espuma en la boca me parece una exageración. Yo ni sé lo que son esteroides. Cuando se llega a cierta a edad se chochea y creo que es lo que están haciendo".

Este fue el mayor hito de la selección española de fútbol hasta las victorias en la Eurocopa del 2008 disputada en Austria y Suiza, del Mundial de Sudáfrica del 2010 y la Eurocopa del 2012 disputada en Ucrania.

martes, 18 de diciembre de 2018

1118: la reconquista cristiana de Zaragoza

Uno de los momentos más emblemáticos de la conquista cristiana por parte del Reino de Aragón fue la toma de Zaragoza (o Saraqusta, como la llamaban los musulmanes) el 18 de diciembre del año 1118. Fue todo un hito, casi comparable a la conquista de Toledo por parte de los castellanos 33 años antes. Y es que la Zaragoza musulmana, o la Medina Albaida como la denominaban los poetas andalusíes (la Ciudad Blanca), había sido una de las urbes más importantes de toda al-Andalus. No solo en población, sino por su importancia política tanto en los periodos emiral y califal, además de haber sido uno de los reinos de taifas más poderosos. También tuvo mucha importancia en el aspecto cultural, con figuras como el gran filósofo Avempace.

Saraqusta durante la época musulmana

Pero desde finales del siglo XI el Reino de Aragón estaba mostrando un enorme empuje que le llevó en el año 1096 a conquistar Huesca, amenazando ya casi de forma directa a Zaragoza. Su conquista ya era casi cuestión de tiempo y de quién se haría con tan preciado premio, pues no solo los aragoneses la ambicionaban. Castilla ya había logrado casi medio siglo antes someterla al pago de parias, por lo que esgrimían que si alguien tenía derecho a tomar la ciudad eran precisamente ellos.

Pero Alfonso I, “el Batallador”, quien llegó al trono aragonés en el año 1104, no iba a permitir que eso sucediera, pues habría significado el cierre de su zona de expansión y que a Aragón le ocurriera lo mismo que le sucedería a Navarra.  Así pues se puso manos a la obra y comenzó los preparativos que culminarían con el asedio a la capital del Ebro. El monarca aragonés sabía que solo con sus propias fuerzas sería difícil someter a una ciudad que se calcula contaba por aquél entonces con unos 25 000 habitantes junto con sus alrededores, la cual era una cifra considerable para le época. Por ello comenzó unas maniobras diplomáticas que llevaron a la concesión de la Bula de Santa Cruzada por parte del papa Gelasio II, lo que le concedió unos importantes ingresos para dedicar al asedio además de que fueron numerosos los caballeros europeos que acudieron a la llamada del pontífice. No en vano, apenas 20 años antes se había conquistado Jerusalén, y la cristiandad seguía demandando hombres para ir a luchar a Tierra Santa y defender los Santos Lugares. Las indulgencias celestiales que se concedía a los que allí fueran eran importantes, pero el viaje era largo e incierto. Es por ello que la cruzada de Zaragoza tuvo un gran éxito, sobre todo entre los caballeros franceses pero también navarros, catalanes y castellanos, pues tenían mucho más cercana a la ciudad del Ebro que a la ciudad palestina y los premios espirituales, así como la promesa de botín, eran las mismas. Algunos de los señores más importantes que acudieron a la llamada fueron Gastón de Bearne, vizconde del Bearne (Francia) y quien gracias a su enorme contribución recibió de manos del monarca varios señoríos en Aragón, incluyendo los de Zaragoza y Uncastillo. Era un hombre de gran experiencia en estas lides, pues participó en la ya mencionada Primera Cruzada de Tierra Santa, en la que se conquistaron los Santos Lugares. También es destacable la participación de Céntulo, conde Bigorra (Francia) y hermano de Gastón.

 
Las tropas se concentraron en Ayerbe y desde allí fueron avanzando y sometiendo plazas como Almudévar, Gurrea de Gállego y Zuera. El asedio comenzó en mayo del año 1118 y fue largo a pesar de la escasez de defensores con los que contaba la ciudad. Sin embargo, los almorávides, dominadores por entonces de al-Andalus, enviaron desde Granada a Abd Allah ibn Mazdali con un contingente de hombres para sostener la defensa.

Alfonso I llegó al sitio una vez iniciado este, y cuenta la leyenda que avistó la ciudad desde la zona que hoy se conoce como Juslibol. Este nombre deriva de la frase en latín “Deus lo vol” (“Dios lo quiere”), que era el grito de guerra usado por los cruzados en Tierra Santa y que por supuesto usó también el monarca al ver el objetivo tan cerca ya de su alcane. Existe también en la zona los restos de un castillo llamado también de Juslibol y mandado construir en tiempos de Pedro I, lo que quizás habría dado el nombre a la zona.


El asedio fue penoso tanto para sitiados como para sitiadores. Incluso un buen número de franceses regresaron a sus casas debido a la falta de víveres. Pero también nos dejó algunas historias para el recuerdo. Junto al río Huerva sigue existiendo la iglesia dedicada a San Miguel de los Navarros. Pero, ¿por qué ese apelativo? En los alrededores de lo que hoy es la plaza de San Miguel se situó el campamento formado por el contingente de navarros que habían acudido a la cruzada para conquistar la ciudad. Durante uno de los intentos de asalto a esa zona de la muralla, los musulmanes realizaron una salida que logró poner en serios apuros a los soldados navarros. Cuando parecía que los defensores de la ciudad estaban a punto de imponerse y dar un duro golpe al cerco cristiano, cuenta la historia que apareció el Arcángel Miguel y comenzó a luchar contra las tropas islámicas, obligándolas a volver a entrar en la ciudad y salvando así al ejército cristiano de una dura derrota. Por ello, y con el tiempo, fue ahí donde se erigió en recuerdo la iglesia de San Miguel de los Navarros, protagonista también de otra historia, la Campana de los Perdidos, pero eso lo dejaremos para otro día.


El invierno se echó encima pero la ciudad, ya escasa de víveres, perdió el 16 de noviembre al líder de la defensa, el mencionado Abd Allah ibn Mazdali, lo que desmoralizó ya de forma definitiva a los defensores. Finalmente, el 11 de diciembre se acordó la entrega de la ciudad, y por fin el día 18 Alfonso I y su ejército entraron en Zaragoza, que, tras 404 años de dominio musulmán, volvió a ser de nuevo cristiana.

Texto: Sergio Martínez Gil, licenciado en Historia por la Univ. de Zaragoza.
Fuente: Blog "Historia de Aragón".