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sábado, 4 de octubre de 2025

Pilares 2025

Otro años más, y como última vez en este blog, hoy, día 4 de octubre, comienzan las fiestas en honor a Nuestra Señora del Pilar hasta el próximo día 13. Lo lógico hubiera sido que empezaran el 11, pero no. 

El pregón del año pasado estuvo protagonizado por Naiara, ganadora de Operación Triunfo 2024 y por Juanjo Bona, finalista del mismo concurso, después de que dieran muchísimo por el culo con que querían ser pregoneros. 

 
 
Sinceramente, creo que la pregonera de los Pilares 2024 debería haber sido la jugadora de fútbol y campeona del mundo con España, Salma Paralluelo, que no lo pudo ser porque no había tiempo de hacer cambios de pregonero desde agosto al inicio de las fiestas en octubre y porque a la alcaldesa pedorra-imbécil y posturetas (que lleva un atril hasta para cuando va al retrete) que tenemos no le dio la gana. Otro año será.
 
Y esta será mi última publicación en el blog con respecto a las Fiestas del Pilar. 15 años seguidos son más que suficientes y, para una persona que no soporta y que detesta los Pilares, ya que, gracias a ellos, me quedé solo y sin amigos (si alguna/o lo lee, se da por aludida/o y opina, me da absolutamente lo mismo, es más, que os den, y que, como el gran Héctor del Mar recordaba al legendario Winston Churchill: "Quien habla mal de mí a mis espaldas, mi culo le contempla"), pues creo que demasiado he aguantado. Porque he querido seguir con esta publicación de manera anual y por pura pedrada, ojo. 
 
Pasad buenos días y disfrutad de las fiestas. 
 
 
Si yo pudiera, me largaría estos once días de la ciudad. Sin aguantar berridos, garruleo, paletadas, cazurrismo y las calles con más mierda de la que normalmente ya hay. Que le den a los Pilares. A los Pilares, a las peñas, a los recintos que están en el quinto coño y en el quinto pino y a todo lo que rodea a esta reverenda gañanada. 
 
Ayer. Hoy. Y siempre. A tomar por culo ya. Qué a gusto me he quedado, Dios.

sábado, 5 de octubre de 2024

Pilares 2024

Otro año más, y para no faltar a la costumbre, hoy, día 5 de octubre, comienzan las fiestas en honor a Nuestra Señora del Pilar.

El pregón del año pasado estuvo protagonizado por las jugadoras del Casademont Zaragoza con la, hoy campeona olímpica de baloncesto 3x3, Vega Gimeno, a la cabeza.

 

Pasad buenos días y disfrutad de las fiestas.

sábado, 7 de octubre de 2023

Pilares 2023

Para no faltar a la costumbre, y a pesar de que tengo el blog un tanto abandonado, hoy, día 7 de octubre, comienzan las Fiestas en honor a Nuestra Señora del Pilar.

Este año sí que puedo retomar esa vieja costumbre de poner el pregón del año pasado. Pregón protagonizado por la Jota Aragonesa, que fue redactado por el escritor Pepe Melero y fue leído por Sara Caballero, José Miguel Pamplona, Sara Moreno y Diego de Pablo.

 

Pasadlo bien y disfrutad de las fiestas.

domingo, 12 de marzo de 2023

Cuando Albert Einstein estuvo 50 horas en Zaragoza

Albert Einstein llegó a Barcelona un 22 de febrero de 1923. Apareció “de incógnito” por iniciativa del profesor Esteban Cerradas e Illa. Había sido invitado a pronunciar tres conferencias “esquemáticas” sobre sus últimos descubrimientos. Dos años antes había recibido el premio Nobel de Física, pero no por sus teorías sobre la relatividad -formuladas por primera vez en 1905 y ampliadas de manera definitiva una década después, en concreto en 1916, con su teoría de la gravitación y el principio de la relatividad general-, sino “por sus méritos en el campo de la física teórica, y especialmente por sus descubrimientos de la ley del efecto fotoeléctrico”. 

Habían cambiado algunas cosas en su existencia: se había separado de su esposa y colaboradora muy directa Milena Marec (a ella destinó la mitad del premio de la academia sueca; la otra mitad fue para una organización de caridad), y se había unido a su prima Elsa, divorciada y madre de dos hijos.

Según cuentan los periódicos de la época -Javier Turrión ha realizado un exhaustivo trabajo de recopilación de las notas aparecidas en la prensa en el segundo tomo de su libro eminentemente científico: “Einstein. II. El tiempo propio” (Unaluna)-, Einstein se instaló en una fonda modesta, pero el dueño lo reconoció de inmediato y pensó que su humilde establecimiento era indigno de un personaje así y lo llevó al hotel Colón. Fue recibido en el ayuntamiento de la ciudad y desplegó una intensa actividad. Desde Barcelona, en tren, el sabio se trasladó a Madrid, donde impartiría tres conferencias sobre sus últimos descubrimientos en la Universidad Central, en el aula de Física.

EN MADRID CON JULIO PALACIOS  

Fue acogido por numerosos profesores, Blas Cabrera, entre ellos. El seis de marzo realizó un viaje a Toledo, y confesó en público y en privado -solía hablar en francés y a veces en su lengua, el alemán- que aquel “había sido uno de los días más hermosos de su vida”. Dijo que Toledo era como un cuento de hadas y se quedó fascinado ante la obra de El Greco. Visitó el Museo del Prado, pero también la Residencia de Estudiantes, donde se hizo fotos con los catedráticos, y entre ellos aparece el físico aragonés de Paniza Julio Palacios, que desplegó una labor increíble como científico, viajero y gramático, y fue uno de los pocos españoles que rechazó la teoría de la relatividad de Einstein, hasta el punto que casi al final de su vida publicó el libro “Relatividad, una nueva teoría” (1960). Javier Turrión exhuma un fragmento del “Diario de viaje de Einstein”, donde se puede leer con fecha del nueve de marzo: “Viaje a las montañas y Escorial. Un día maravilloso. Por la tarde, una recepción en la Residencia, con discursos por Ortega y por mí”.

Durante su estancia en Madrid, Albert Einstein recibió dos nuevas peticiones: una de Valencia, para que diese allí un ciclo de charlas, que rechazó, y otra de la Academia de Ciencias de Zaragoza, que aceptó. El doce de marzo salió de la capital de España y llegó aquí, donde le fueron a recibir, entre otros, el profesor Antonio de Gregorio y Rocasolano, que era una institución en la ciudad y acababa de recibir la Cruz de Alfonso X el Sabio.

La lista de personalidades era amplia; estaba el cónsul y fotógrafo Gustavo Freudenthal con su joven y “hermosa” hija Margarita, que le regaló un ramo de flores a Elsa. Había estudiantes y algunos súbditos alemanes. El catedrático Jerónimo Vecino hizo de maestro de ceremonias: presentó a los Einstein a las autoridades. Iban a permanecer aquí alrededor 50 horas, antes de partir hacia Bilbao. Abandonaron la estación con su séquito en un coche de alcaldía y se trasladaron al hotel Universo. El programa iba a ser muy apretado. ¿Cómo era en realidad aquel sabio? Los periodistas, tanto de HERALDO como de “El Noticiero”, se fijaron no sólo en la dimensión y en la profundidad de su pensamiento (en ocasiones parecían pedir casi disculpas a los lectores por no entender las cosas que decía, aunque no obviaron los pormenores de su ciencia. Escribe uno: “Yo no lo entiendo, pero es una eminencia”), sino en el perfil inmediato del hombre: fumaba mucho, pero no bebía alcohol ni café, dijo que dormía de nueve a once horas diarias, y glosó la importancia de Ramón y Cajal; además se confesó lector de William Shakespeare y de Cervantes, tanto de sus “Novelas ejemplares” como de “El Quijote”, y expresó que su autor poseía “un humor encantador”. Otro periodista observó que “su voz es muy simpática, dulce, modesta y melodiosa”.

DOS CONFERENCIAS  

La primera conferencia la impartió, a las dos horas de haber llegado a Zaragoza, en el salón de actos de la Facultad de Medicina, abarrotado de público. Presidieron el acto el rector Ricardo Royo Vilanova, el general Mayandía, el decano Gonzalo Calamita, Lorenzo Pardo, secretario de la Academia de Ciencias (que lo nombraría académico correspondiente), el citado Antonio de Gregorio Rocasolano, presidente a su vez de la institución, y Jerónimo Vecino, que explicó la importancia de su figura. Y Einstein abordó, en un francés nítido y sencillo, “algunos rasgos salientes de su teoría de la relatividad”. Citó la relatividad filosófica e invocó a Galileo, Copérnico, Newton y Kepler. Clausuró el acto Lorenzo Pardo, quien recordó que “los laboratorios de Zaragoza han trabajado varias veces sobre los notables estudios del físico ilustre”.

Esa noche, en los salones del consulado alemán (que estaba en el Coso, donde está ahora el Savoy), se celebró una fiesta “con gran distinción”. Recoge Turrión que De Gregorio Rocasolano “excusó su asistencia por el luto debido al reciente fallecimiento de su hermano”. El detalle más emotivo de la noche correspondió al momento en que “el sabio alemán lució su arte maravilloso con el violín, acompañándolo al piano la señorita Castillo. A la fiesta, que resultó agradabilísima, asistieron además de los citados, la señora Castillo, los señores de Bescós y otras varias damas y caballeros, cuyos nombres no citamos por incurrir en lamentables omisiones. Al final se sirvió un cava de honor brindando el Freudenthal por el doctor Einstein y su distinguida esposa, y el sabio alemán por la prosperidad de España y Alemania”, según publicó “El Noticiero”. Jerónimo Vecino haría al día siguiente una síntesis del pensamiento científico del sabio en un artículo aparecido en las páginas de este diario donde se conjugaba el rigor y la amenidad.

LA ESTRUCTURA DEL ESPACIO

La segunda conferencia del profesor alemán de Ulm la impartió en el mismo lugar, hacia las 18.15 horas, que tuvo una asistencia algo menor, pero idéntico entusiasmo y fue “más bella si cabe, al decir de los inteligentes, que la primera”. Versó sobre la estructura del espacio. En el acto participó un alumno de Ciencias, Sanz, que ofreció a Einstein el fruto de “una colecta hecha entre la simpática y siempre altruista masa escolar, con destino a mitigar la penuria de sus hermanos de las Universidades alemanas”.

Se produjo una anécdota deliciosa: Einstein realizó ecuaciones, garabatos y dibujos sobre la pizarra. El rector Royo Villanova dijo que le gustaría eternizar ese momento. El cronista de HERALDO escribió: “Para que quede algo perenne y constante del paso de Einstein por la Universidad, dijo Royo, he rogado al sabio profesor que no borre y avalore con su firma los dibujos hechos en las pizarras durante la conferencia. Éstos serán convenientemente fijados y conservados a fin de poder mostrarlos a las generaciones venideras, como reliquias de la fecha de hoy”.

El periódico “El Día” también se hizo eco del acto. Su redactor Emilio, en la sección “Cuartillas de un mundano”, escribe con gran sentido del humor: “El sabio profesor se adelanta a la pizarra. Todas las respiraciones quedan cortadas para no perder sílaba de lo que allí se va a decir. En la concurrencia figuran bastantes señoras. (...) El salón de actos de la Facultad parece más solemne y severo que nunca. Es un sabio. Todo un sabio de verdad quien emite sus ideas revolucionarias sobre algo abstracto. Para la mayoría de los oyentes, toda aquella larga disertación viene a ser algo así como un jeroglífico. Sin embargo, nadie pierde detalle. Los rostros presentan una angustiosa sensación de querer comprender todo lo intrincado de aquellas palabras. No se siente el vuelo de una mosca. (...) Hay algún oyente que pretende escabullirse del salón. En su cerebro, la teoría de la relatividad ha tomado posiciones que pesan demasiado sobre la sustancia gris. Cautelosamente llega a la puerta del salón. El profesor queda ante la pizarra. Pero estas cosas o se organizan bien o no se llevan a cabo. Y el oyente comprueba espantado que la puerta del salón está cerrada mientras dure la conferencia. Para que no se escape nadie... ¡Oh, admirable espíritu organizador!... ¡Cómo nos ha conocido a todos!... Einstein sigue perorando”.

Javier Turrión, profesor de Física Química, valenciano del 47 pero afincado en Zaragoza, no sin un fino sentido del humor, anota que de forma mucho más discreta, las secretarías registraron las cuentas de la presencia del sabio en Zaragoza. Percibió 575 pesetas por cada conferencia y 250 pesetas más para gastos. Einstein, un enamorado de la arquitectura y del arte en general, no sólo impartió dos conferencias, sino que quiso conocer la ciudad y visitó el ya famoso laboratorio de Investigaciones Bioquímicas del profesor Antonio de Gregorio Rocasolano, que también había recibido a otros sabios europeos como Zsigmondy y Sabatier, como podemos ver en el libro “Una década de política de investigación en Aragón (1984-1993)” (DGA, 1993).

La mañana del trece de marzo, el día de su segunda conferencia, Albert y Elsa Einstien visitaron “los principales monumentos artísticos”. Estuvieron, con sus anfitriones, en la Basílica del Pilar, donde visitaron “el valioso joyero de la Virgen. La visita a La Seo fue muy detenida, y de ella salió entusiasmado el ilustre huésped”. Todas las crónicas insisten en la admiración que le suscitó la catedral de El Salvador. También estuvo en la Lonja y en el palacio de la Aljafería. También realizó pequeños paseos, en coche y a pie, por las afueras de la ciudad, por las huertas.

Y al mediodía, las autoridades de Zaragoza le ofrecieron un “espléndido banquete” en el Casino Mercantil, en el cual estuvieron el alcalde señor Fernández, el gobernador Fernández Cobos y el cónsul Freudenthal. En ese acto, el catedrático rindió honores en “correcto alemán” a Einstein, quien había mostrado “visible complacencia” y agradeció cuánto había en sus palabras de “lisonjero para su patria y para él”. Dijo que en Madrid y Barcelona había vivido el encanto de nuestro arte, “que tan bien expresa nuestra personalidad, pero que era en Zaragoza donde, admirando los monumentos arquitectónicos, había encontrado una expresión más robusta y elocuente de nuestra fisonomía regional. Y refiriéndose a los buenos deseos del Dr. Miral, abundó en la confianza de que se llegue a salvar la crisis de Alemania para hacer posible la urgentemente necesaria reconstitución de Europa”. Estos fueron palabras aparecidas en “El Noticiero”.

“EL ALMA DE ESPAÑA”

HERALDO observó también otros detalles como la vibración sentimental del sabio ante el compás de la jota. Los Einstein coincidieron aquí con un gran pianista, compatriota suyo, Saüer. A los postres del almuerzo, fueron sorprendidos con la incorporación de una rondalla. Anota el cronista: “Dos baturricas jóvenes, casi unas niñas, cantaron y bailaron nuestro bravo, armonioso himno inmortal. Y Einstein, el calculador, el hombre especulativo, sumido, de ordinario, en las grandes abstracciones y las grandes complejidades de la ciencia física, se emocionó profundamente, y, abrazándola, besó en la frente a una de las cantadoras, con un gesto entre admirativo y paternal. Fue un momento interesantísimo, que Einstein quiso perpetuar, retratándose con la pequeña jotera en su regazo”. Y la nota finaliza con una observación semejante a la anterior: Einstein sintió en Zaragoza más que en ningún otro lugar el pálpito del “alma de España”.

El catorce, en el rápido de la tarde, los Einstein, Elsa y Albert, partieron hacia Bilbao poniendo punto y final a su breve periplo zaragozano.

sábado, 8 de octubre de 2022

Pilares 2022

Tras dos años de hacer el imbécil, hoy, día 8 de octubre, comienzan las fiestas en honor a Nuestra Señora del Pilar.

Sí. Dos años haciendo el imbécil porque no sé para qué tanta restricción, tanto distanciamiento ni tanta gaita cuando, al final, estamos haciendo lo mismo que antes de que petara toda la mierda de la pandemia. Ahora, alegría, en unos días, contagios a porrillo. O no. Ojalá.

Dejo, una vez más, el último pregón, el de B Vocal en los Pilares de 2019.

Los que os quedáis, que las disfrutéis. Los que os marcháis porque no aguantáis tanto ruido, garrulismo y paletismo, qué envidia me dais.

sábado, 9 de octubre de 2021

Pilares 2021

Hoy tendrían que comenzar oficialmente las Fiestas en honor a Nuestra Señora del Pilar, del 9 al 17 de octubre.

Pero como aún estamos en tiempos de pandemia, aunque hayan sido "suspendidas", hay una denominada "Semana Cultural", o, para que nos entendamos y nos dejamos de las tontadas pueriles de los políticos estúpidos que tenemos que aguantar: las denominadas "no fiestas". Con sus "no botellones", con sus "no conciertos", con sus "no encuentros con familiares", con sus "no cenas con amigos", con sus "no ferias", con su "no recinto ferial", etc., etc., etc. 

Semana cultural... sí, de la CULTURA DE BAR. Menuda soplaguindez, sin acritud. Está más que claro que si la petarda de la vicealcaldesa naranjita, Sara Fernández, no monta unas fiestas, le da un algo, un chungazo, o REVIENTA. En fin.

Y, a diferencia de la entrada que hice hace dos años, esta vez SÍ HAY VÍDEO del pregón. De los últimos pregoneros hasta la fecha, el cuarteto B-Vocal. Del mítin aquel disfrazado de pregón que dieron aquellas pedorras en el balcón del Ayuntamiento, ni hay vídeo en YouTube y ni está ni se le espera... Por cierto, Ander, majo, ni convocatoria con la selección española ni pregón ni gaitas...  ¡Qué mala suerte, chato! (aunque ya querría tener su mala suerte... (estar forrado, tener la vida resuelta... bueno, qué más da).

Como hay tantas opiniones como culos, ahí dejo la mía: no debería haber ni fiestas, ni semana cultural del bar, ni "no fiestas". Un poquito de empatía con Huesca, Teruel y todos esos pueblos que se quedaron sin fiestas por segundo año consecutivo. Pero bueno, que los políticos municipales y autonómicos que tenemos, como son tan guáis del Paraguay y saben tanto, ¡pues no pasa nada! Bah, pa qué... Es gastar energía tontamente.

Pasad buenos días y bueno, que paso de decir lo que debéis o no debéis de hacer. Id a donde queráis ir, con quien queráis y haced lo que os salga de los cojones y disfrutad bajo vuestra propia responsabilidad. 

Ojalá unas fiestas en condiciones en 2022, sin mascarillas, sin restricciones, sin listas y sin mierdas. Y yo pirándome bien lejos de Zaragoza para no tener que soportarlas.

domingo, 11 de octubre de 2020

Esta NO es la primera vez que no hay Fiestas del Pilar

En 1918, otra epidemia, en aquella ocasión de gripe, la mal llamada "gripe española", también obligó a suspender los festejos zaragozanos.

Cuesta aceptarlo, pero no. Mañana, 12 de octubre de 2020, no habrá Ofrenda de Flores a la Virgen del Pilar, columna de Zaragoza, de todo Aragón –dicen que, como todo ahora, habrá una ofrenda virtual–. Ni Ofrenda, ni pregón, ni Rosario de Cristal, ni cabezudos, ni grandes conciertos populares... hasta el bullicio de miles de peñistas –pilar de las fiestas– será silenciado por la pandemia del Sars-CoV2, que no da tregua ni a la devoción ni al sentir de todo un pueblo. Sencilla y lamentablemente, este año las fiestas –las "no fiestas", que, seguramente, renombraremos en las redes sociales como "los pilares del coronavirus"– han sido suspendidas para evitar las grandes aglomeraciones, propagadoras, aliadas fieles y devotas del coronavirus.

Pero esta no es la primera vez que los zaragozanos hacen frente a una situación similar: hasta que alcanza la memoria y las crónicas, es la segunda. Hace poco más de un siglo, en 1918, con una guerra mundial que daba sus últimos coletazos, la pandemia provocada por la mal llamada "gripe española" –que diezmó el planeta causando más de 50 millones de muertos (300 000 en España y unas 1000 en Zaragoza)– obligó al consistorio zaragozano, a instancias del Gobierno Civil, a suspender las Fiestas del Pilar. Primero, se pensó en retrasarlas al 20 de octubre; después, a noviembre; y, finalmente, a mayo de 1919, que fue cuando se "celebraron", coincidiendo con las peregrinaciones de entonces y la conmemoración de la reconquista de Zaragoza por Alfonso I el Batallador. Pero ya no fue lo mismo. Nada fue igual.

Y nada, ni la fiera "gripe española", que se detectó en Madrid en la segunda quincena de mayo de 1918, a la par que las Fiestas de San Isidro, ni nadie, hacían presagiar que aquel año no se celebrarían las Fiestas del Pilar en Zaragoza.

Sin ir más lejos, el 7 de mayo, la Comisión de Festejos del Ayuntamiento de Zaragoza, que se había reunido para cambiar impresiones y preparar con tiempo las Fiestas del Pilar, acogía con agrado la idea sugerida por HERALDO DE ARAGÓN de celebrar durante las fiestas un "Homenaje de la vejez". A los pocos días, el empresario zaragozano Nicolás Escoriaza proponía organizar, en la Lonja de Zaragoza, una gran Exposición de Bellas Artes Hispano-Francesa, que, a su entender, “sería uno de los números más brillantes del programa de festejos, ya que el acontecimiento atraería a nuestra ciudad gran número de expositores y amantes de las Bellas Artes”. Incluso el alcalde de Valencia, Faustino Valentín, invitado por el concejal zaragozano Sánchez Mazariegos, había prometido –vía telegrama– asistir a las fiestas. La Casa de Ganaderos preparaba un gran concurso; se pensaba en una gran batalla de flores para inaugurar la pavimentación del Coso…

Un programa de festejos completo

Las noticias sobre la evolución de la epidemia llegan desde la capital de España: “No decrece en Madrid esta epidemia, que ha atacado ya a casi la mitad del vecindario”, publica HERALDO el 27 de mayo, en su sección "Por teléfono y telégrafo"; el propio rey Alfonso XIII y varios ministros se encuentran aquejados. Mientras, en Zaragoza , “aumentan las invasiones”. “Unos antes, otros después serán pocos los que dejen de sentir los efectos del famoso ‘soldado de Nápoles’, como dicen por Madrid, o de la “película gripal”, como la denomina el doctor Royo Villanova”, publicaba este diario, en su edición del 2 de junio. Pero, aunque los casos se multiplican, la "enfermedad de moda" o "del día" –como también se la conoce– no merma los ánimos festivos. Ni de lejos. De hecho, en el mes de agosto, en lo referente a los festejos pilarísticos, preocupaba más la falta de financiación para cubrir los gastos. “Las dificultades que se presentan este año son muchísimas, debido a que la suscripción pública no responde...”, podía leerse en HERALDO, el día 8 del citado mes, que los posibles efectos de la pandemia en los mismos. Así las cosas, lejos de amilanarse, los miembros de la Comisión de Festejos –en nota oficiosa– avanzaban el programa de Fiestas del Pilar de 1918: “Cinco grandes corridas con los mejores elementos, en cuanto a toreros y ganado se refiere” –estaban anunciadas máximas figuras como Joselito y Rafael, el Gallo, que se despedía de los ruedos en el Coso de La Misericordia–; un homenaje a Tomás Bretón, que estaba componiendo el poema musical "Aragón" para la ocasión; el célebre e incondicional Concurso Regional de Bandas Civiles; carreras ciclistas en el paseo de la Independencia; fiesta popular y concurso de globos en el Campo del Sepulcro; pasacalles; ronda con cucañas y premios en metálico; fiestas populares en distintos barrios; fuegos artificiales, etc.

A principios de septiembre, a la sempiterna polémica por el cartel de fiestas, calificado por alguno de “birria artística” e impropio de la importancia de Zaragoza, se sumaban nuevos actos de envergadura al programa, como la Semana deportiva –primera en su género– organizada de común acuerdo por las sociedades deportivas Zaragoza e Iberia.

Socorro desde la capital

Pero, pese al optimismo, ya en septiembre, la epidemia empezó a revelarse con toda su crudeza. En Almonacid de la Sierra, la situación es dramática: “Baste decir que es una excepción la casa donde no existen dos o tres casos. El personal sanitario es insuficiente, siendo urgentísimo que se envíe socorro desde Zaragoza”, publicaba HERALDO el 22 de septiembre de 1918. Al día siguiente, en la capital, se toman nuevas medidas preventivas para frenar la epidemia y el Ayuntamiento dispone que “en los teatros, cines y hasta en las iglesias se observen con todo rigor las prescripciones sanitarias, procurándose que, en todo momento, haya en estos locales la ventilación necesaria”. Y ordena a la policía urbana y guardia municipal que se realicen visitas de inspección a los domicilios particulares, “dando inmediato aviso a la Alcaldía de todas las infracciones que se adviertan contra la higiene”. Los inspectores de Sanidad ponen en alerta sobre “los abusos que se vienen cometiendo en la acequia de San José”, donde son arrojadas “toda clase de inmundicias de las casas” y las mujeres acostumbran a lavar “todos los cacharros y ropas, sin tener en cuenta que aquellas aguas son utilizadas para la bebida”. Para tomar cartas en el asunto y castigar a los infractores, se establece un servicio de vigilancia en el camino de las Torres. La Alcaldía tampoco está dispuesta a permitir la instalación de circos o barracas de fieras durante las Fiestas del Pilar, por lo que recomienda a la Comisión Municipal de Hacienda, “que no sean subastados esta clase de puestos”. “Las fieras –continúa el cronista– como es sabido, no se alimentan de merengues, ni de alpiste, como los canarios, sino de caballerías que son sacrificadas en el mismo lugar o barraca, en donde aquellas se exhiben, cubriéndose la sangre con tierra que a poco entra en descomposición, constituyendo un peligro para la salubridad”. También se clausura la cloaca situada detrás del cuartel de San Lázaro “de la cual salen hedores que envenenan la atmósfera”. Tal era, en septiembre de 1918, la situación higiénico-sanitaria de la capital del Ebro.

La epidemia arrecia en los pueblos

Lejos de mitigarse, en las poblaciones zaragozanas los contagios se disparan: 300 “atacados” en Gotor, “habiéndose registrado seis defunciones”; en Cariñena “hay actualmente 200 enfermos”; 550 en Almonacid de la Sierra y se han registrado casos en Alpartir, Alfamén y Ateca; en Longares “la epidemia reviste caracteres más graves”. El inspector provincial de Sanidad, Sáenz de Cenzano, “que ha estudiado de cerca la enfermedad”, dice que se trata de una gripe semejante a la de la pasada primavera, pero “con caracteres de mayor gravedad”. Y cree que ha podido influir en la propagación “la aglomeración de gentes en locales pequeños, por motivos de las fiestas, que en estos pueblos se han celebrado”.

En vísperas de las Fiestas del Pilar –29 de septiembre de 1918– todo seguía su curso y se advierte ya en la ciudad la presencia de forasteros, muchos de ellos “conocidísimos”, pues son feriantes –entre ellos el señor Feijoó, dueño del célebre circo del mismo nombre–, que vienen todos los años a Zaragoza y que “anticipan el viaje” para participar en la subasta de puestos. Según informa HERALDO ese día: “Si las noticias que se tienen son ciertas y los feriantes se confirman, este año la exhuerta de Santa Engracia y la plaza y terrenos cercanos se cubrirán materialmente de garitas y barracones de espectáculos”. Un año más, como de costumbre, la ciudad se prepara y durante las fiestas se intensificará el alumbrado “mediante la colocación de potentes focos e iluminaciones particulares" en las plazas de La Libertad, La Seo, Lanuza, San Pablo, San Miguel y Portillo, y calles del Coso, Manifestación, Cerdán y Sobrarbe. “Se colocarán también focos en las puertas de entrada a la ciudad y lucirán espléndidas iluminaciones en todos los monumentos y el kiosko de la música. Por luz no ha de quedar”. A punto de terminar las grandes reformas de sus comedores, el Zaragoza Palace-Hotel, tenía previsto abrirlos al público durante las fiestas.


Sin embargo, la epidemia es el tema general de conversación, está en boca de todos y, aunque parece que no está todavía extendida por Zaragoza capital, “la gripe –podemos leer en las ‘Notas de sociedad’ del HERALDO del 2 de octubre– ha traído a los cuarteles de invierno a algunos rezagados del verano”. “Hay pocos casos, pero graves y todos importados. De San Sebastián –lugar de veraneo de lo mejor de la alta burguesía zaragozana– han venido algunos leves, que se van curando”. Mientras, el corresponsal de este diario en Vistabella de Huerva, localidad del Campo de Cariñena, informa de que en siete días los “atacados de gripe” pasan de ochenta, algunos de ellos graves, y es “desconsolador ver a familias enteras contaminadas, sin poder auxiliarse unos a otros; viéndose un grave conflicto por la falta de leche, indispensable en esta enfermedad”. Y en Salillas de Jalón, el Ayuntamiento y la Junta de Sanidad, se han visto obligados a suspender los festejos que se estaban celebrando en honor de Nuestra Señora del Rosario. Ante el empeoramiento de la situación, Félix Martínez Lacuesta, Gobernador Civil de Zaragoza, prohíbe las ferias y fiestas de todos los pueblos “epidemiados” y hace un requerimiento a los médicos “que quieran ir a prestar auxilio para que vayan a inscribirse al Gobierno civil”. De Calatorao llegan "noticias alarmantes", donde hay más de "700 atacados".

Zaragoza, libre de la epidemia

Requerido por los periodistas de HERALDO, sobre la situación en la capital, Martínez Lacuesta responde que no tiene informes oficiales de que haya aparecido la epidemia; “por el contrario, todas las noticias que se reciben son francamente satisfactorias”. “Sin embargo, se sabe –continúa informando el reportero– de algunos casos aislados que demuestran la existencia de la gripe en Zaragoza; pero que no influyen sensiblemente en el estado sanitario”. Sobre los posibles efectos del virus en las Fiestas del Pilar, el gobernador ya había “conferenciado” con el alcalde de Zaragoza, Julián Alberto Cerezuela, para que abordase el tema y fuera la representación de la ciudad la encargada de tomar la decisión. Actitud similar mantiene el rector de la Universidad de Zaragoza, el doctor Ricardo Royo Villanova. No parecía muy apropiada la clausura del centro, cuando la Junta de Sanidad no había declarado aún la existencia de la epidemia; “y no iba a ser la universidad la que tomara, con grave daño para Zaragoza, una actitud alarmante, que casi todos juzgarían prematura”.

¿Conviene celebrar las fiestas?

El 2 de octubre, el alcalde de Zaragoza, a las cuatro y media de la tarde, abría la sesión plenaria para, entre otras cosas, sancionar el programa de las Fiestas del Pilar, organizado por la Comisión permanente de Festejos. Durante la sesión, se trató ampliamente el estado sanitario en la provincia “como consecuencia de la epidemia gripal importada de otras provincias”. Rompió el fuego el concejal republicano Algora, al manifestar al temor de que “la afluencia de forasteros con motivo de las fiestas próximas contribuya a que nuestra ciudad sufra los efectos de la epidemia gripal extendida actualmente en gran parte de España y que tantas víctimas viene ocasionando”. 

De la gravedad de la situación –según el concejal– daban buena cuenta la preocupación del Gobierno y las órdenes “terminantes”, enviadas a los gobernadores civiles y Juntas provinciales y locales de Sanidad “para que extremen las medidas en evitación del contagio”. “En Zaragoza no existe la epidemia –afirmaba–. Tanto la Junta de Sanidad como el alcalde, nos han dicho que no hay gripe, y por eso no me atrevo a pedir la suspensión de las fiestas, que, de otro modo, pediría, arrostrando la responsabilidad que pudiera caberme en ello”. 

El concejal argumentó que tampoco había gripe en Logroño ni en Almonacid de la Sierra –desde donde, el 22 de septiembre, se hacía un llamamiento urgente a la capital en petición de socorro–, cuando ambas poblaciones celebraron sus fiestas, pero que, después, se desarrolló la epidemia en términos alarmantes en ambas poblaciones. “¿No puede ocurrir esto en Zaragoza?”, exhortaba al pleno el señor Algora, para concluir que el Gobierno, el gobernador y la Junta provincial de Sanidad “son los obligados a decir si Zaragoza, en la ocasión presente y en las circunstancias sanitarias en toda España, debe o no celebrar sus fiestas” y proponer que el alcalde se dirigiera “urgentemente” al Cuerpo médico de la Beneficencia municipal y a la Junta provincial de Sanidad para que dijeran “claramente, si la afluencia de forasteros podía contribuir a que en Zaragoza –que ahora se haya libre– podía desarrollarse la epidemia gripal”. “En tal caso –terminó diciendo el concejal– no será el Ayuntamiento el responsable de la suspensión de las fiestas. Esta determinación compete a la Junta provincial de Sanidad y al gobernador”.

Tras las réplicas del alcalde y de otros concejales, manifestando que en Zaragoza no había gripe y, por lo tanto, tampoco motivo para “zozobras y alarmas” y mucho menos para una consulta que “podía originar un perjuicio en la ciudad por la ausencia de forasteros”, quedaba aprobado el programa de las Fiestas del Pilar de 1918 y se sometió a votación la proposición de Algora, que salió adelante por 17 votos a favor y ocho en contra. El alcalde se comprometió a trasladar la consulta y a convocar sesión extraordinaria del Ayuntamiento, “tan pronto recibiera contestación”.

Lógicamente, ante la indecisión, la inquietud va creciendo en la ciudad. “Hemos interrogado nuevamente al inspector provincial de Sanidad acerca de la propagación de la epidemia en Zaragoza”, afirma el redactor de HERALDO, en su portada del 4 de octubre. “Nos dice que, oficialmente, solo conoce siete casos de transeúntes, que están en el hospital. Pero los médicos no le han declarado otros y tiene que suponer que no los haya; aunque el rumor popular es bien distinto”, apostilla el periodista. Ante esta situación, el inspector no puede dar por declarada, oficialmente, la epidemia, lo que coloca al gobernador en una “difícil situación”, que no sabe si suspender las fiestas o autorizarlas, ya que la últimas disposiciones “solo ordenan la suspensión en los lugares donde se haya declarado la epidemia”. El gobernador quiere que decida la ciudad y en su informe, le indica al alcalde que se tengan en cuenta “intereses comprometidos en la cuestión y que, si bien con fiestas vendrán forasteros, no podrá evitarse que sin ellas vengan también algunos de los pueblos epidemiados”.

El acuerdo municipal de consultar al gobernador y a la Junta de Sanidad si debían celebrarse las fiestas o no acrecienta las dudas y genera “desorientación” e incertidumbre en la población. Entre los feriantes, la noticia “ha caído como una bomba” y muchos se concentran ante la Casa Consistorial para saber más “sobre el asunto”. La capital entera está expectante, pendiente de la respuesta del gobernador y de los responsables de Sanidad, mientras a la alcaldía sigue sin llegar parte médico alguno que confirme el primer caso oficial de gripe en Zaragoza. “Los médicos saben que están obligados a participarme inmediatamente el primer caso que ocurra, y cuando nada dicen es señal de que la salud es excelente”, declaraba a este periódico, el 3 de octubre, el alcalde, que advertía de que si la epidemia se “desarrollaba” en Zaragoza, los enfermos no podrían ser ingresados en el hospital civil, “porque se carece en el edificio de un pabellón para tales fines”, por lo que se habilitaría un pabellón ad hoc en las afueras de la población, “probablemente, en el monte de San Gregorio o en Valdespartera”. A la espera de noticias, Cerezuela proseguía con sus obligaciones, inspeccionando la limpieza y condiciones de seguridad de los coches de punto –los taxis del momento– y negando la autorización a un feriante, que pretendía exhibir durante las fiestas “unas cuantas fieras”.

Y, como cabía esperar,las noticias llegaron. El 4 de octubre, los inspectores de Sanidad dan cuenta al alcalde de que se han registrado “14 o 15 casos de gripe”, en la capital, denunciados por los médicos que los asistían. “Particularmente, se decía que varias familias, llegadas recientemente de algunos pueblos de la provincia, invadidos por la epidemia, y de otras poblaciones veraniegas, donde la gripe hace verdaderos estragos, se hallaban recluidas en sus domicilios bajo los efectos del mal". Particularmente, se decía por parte de los médicos que se habían registrado varios casos de carácter benigno, pero faltaba la confirmación oficial de la aparición de la epidemia y esta solo podían darla los médicos”, publicaba HERALDO, a toda plana, en su edición del 5 de octubre. 

El segundo brote de la epidemia de gripe, cuya primera oleada, más benigna, se había producido en primavera, se extiende ya por la capital y son muchos los médicos que opinan que “las fiestas deberían ser suspendidas”. El alcalde de Zaragoza convoca para esa misma tarde del 4 de octubre una sesión extraordinaria de la Corporación Municipal, en la que se leyó el escrito de los médicos del Cuerpo de la Beneficencia, que reconoce que las aglomeraciones que se producen en las fiestas aumentan el peligro de propagación de la enfermedad; aun así, la alcaldía entiende que la decisión de suspender o no las fiestas corresponde al gobernador civil.

Salus populi, suprema lex

Peloteo imperdonable”, podía leerse en la portada de HERALDO del 6 de octubre. “En vísperas de las fiestas –continuaba–, a punto casi de prenderles fuego a las bombas reales y voltear las campanas, llevamos casi una semana discutiendo si los festejos deben celebrarse o suspenderse por temor a la epidemia. Nadie tiene el valor preciso para pronunciar la palabra definitiva. Y, con estos titubeos, se hace más daño a la ciudad que con una decisión, aunque fuese equivocada (...) Lo que no puede hacerse es seguir levantando una polvareda que daña gravemente a la población y siembra dudas e incertidumbres en todos”.

Impacientes y nerviosos, empresarios de espectáculos “gariteros”, industriales, aficionados a la fiesta taurina... esperaban en la calle. Después de tres horas de reunión con el gobernador, el 6 de octubre, la Junta provincial de Sanidad, “reconoce y proclama que no hay epidemia de gripe en Zaragoza” y que “a lo sumo habrá un pequeño amago, que lo mismo puede cortarse que extenderse”; pero que, al mismo tiempo, “tiene que reconocer y proclamar que la aglomeración originada por las fiestas encerraría un muy serio peligro de que la epidemia nos invadiera”. Y, sin dejar de tener en cuenta los grandes intereses ciudadanos y particulares “que se lastiman con una determinación tan radical como la de suprimir los festejos”, entienden que “salus populi, suprema lex” –la salud del pueblo es ley suprema–.

El gobernador civil tenía, pues, la última palabra. Por fin, en la sesión municipal del 10 de octubre, se daba cuenta del oficio de Martínez Lacuesta, “anunciando la supresión de las fiestas y ferias del Pilar, como medida de precaución encaminada a evitar la posibilidad de un contagio, con motivo de la aglomeración de forasteros”. En la misma sesión, el concejal Alfonso Valero, propuso que las fiestas fueran aplazadas para la “primera decena de noviembre”. Finalmente se trasladaron a mayo del año siguiente.

De las tres oleadas que tuvo la epidemia de gripe, la segunda, la más devastadora, se registró precisamente en aquel mes de octubre. HERALDO DE ARAGÓN daba buena cuenta a diario en sus páginas del número de fallecidos en los pueblos de las tres provincias. En la capital aragonesa, que entonces tenía censados 135 000 habitantes, la pandemia dejó 1000 muertos a su paso, aunque fuentes más recientes elevan esa cifra a más de 3000. Ni la guerra de Marruecos, que en 1910 a punto estuvo de dar al traste con los festejos pilaristas, por la grave crisis económica que desató en la capital aragonesa, ni la posterior contienda civil (1936-1939) –por increíble que parezca– consiguieron lo que logró la pandemia de la mal llamada "gripe española" –al ser neutral, España fue el único país en hacerse eco de la epidemia–, en aquel 1918: suspender las Fiestas del Pilar de Zaragoza. Pero, como entonces, hoy, en las "no fiestas" de 2020: “Salus populi, suprema lex”.

Fuente: Heraldo de Aragón.

Fotografías: Archivo del Heraldo de Aragón.

Texto: Lucía Serrano

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En otro orden de cosas, este año, el post debería haber sido el que suelo hacer para desearos felices fiestas del Pilar, poner el cartel oficial y recordar el último pregón, pero no toca. No os voy a pedir que seáis responsables y que hagáis lo que creáis conveniente con tal de preservar vuestra salud y la de la gente de vuestro entorno. No soy nadie para deciros si debéis marcharos de puente o ir a ver los eventos que no se han suspendido con la que está cayendo. Eso sí, si pasa algo y empeora la situación (más todavía), no quiero ni aplausos, ni tontadas, ni lloros, ni la madre que parió a Paneque. Allá vosotros, que ya somos mayorcitos.

sábado, 5 de octubre de 2019

Pilares 2019

Por si queda alguien que, a estas alturas, y después de todo el revuelo que se ha montado en el último mes, fiestas en honor a Nuestra Señora del Pilar del 5 al 13 de octubre...

Haz clic aquí para descargarte el cartel en su tamaño original

En esta ocasión, como no he encontrado el mitin que dieron el año pasado en el balcón del Ayuntamiento en lugar de pregón, no hay vídeo.

Que paséis buenos días y que disfrutéis las fiestas con alegría en compañía de vuestros seres más queridos.

lunes, 31 de diciembre de 2018

Segeda, el poblado que cambió nuestro calendario.

Hoy despedimos el año con vosotros contando una historia la mar de curiosa. Cerca de la zaragozana localidad de Mara podemos encontrar los restos de lo que fue una de las más importantes ciudades de la tribu de los belos: Segeda.  De esos restos destaca lo que queda de sus muros, los cuales tienen una enorme importancia para el devenir histórico de buena parte del mundo occidental. Pero no por la singularidad de la propia construcción, sino por las consecuencias que conllevaron el simple hecho de ser levantados.

En el año 154 a.C., Segeda era, como he comentado, una de las ciudades más importantes de la tribu celtíbera de los belos, algo que nos constata el hecho de que tuviera la capacidad de acuñar su propia moneda. De hecho justo en ese momento estaba sufriendo un proceso de gran crecimiento, absorbiendo ya fuera de forma pacífica o por la fuerza a otros pequeños poblados de la zona, declarando así su intención de ser el núcleo dominante del valle del Jalón. Ante este crecimiento poblacional, la ciudad necesitaba expandirse y por tanto aumentar el perímetro de sus murallas para dar cabida a los nuevos espacios.

Pero aquí venía el problema. Ya durante la Primera Guerra Celtibérica (181-179 a.C.) las tropas romanas vencieron, no sin dificultades, a una coalición celtíbera para mantener la seguridad de la parte de Hispania que estaban ocupando desde hacía solo unas décadas. Tras la victoria, Roma impuso diversas condiciones, entre las cuales constaba la prohibición de que las tribus celtíberas pudieran levantar murallas en las nuevas ciudades.

Al tener conocimiento de este crecimiento de Segeda y de la nueva muralla, Roma manda enseguida a unos embajadores exigiendo la paralización inmediata de las obras, que desde su punto de vista contravenían lo pactado anteriormente. Sin embargo, los segedanos valoraban los tratados firmados con los romanos desde otro punto de vista. El pacto venía a decir que estaba prohibido amurallar nuevas ciudades, pero Segeda no era una nueva ciudad, sino una antigua que estaba creciendo y necesitaba ampliar sus límites. Además, parece ser que no esperaban la dura reacción por parte de Roma, que llegaría poco después. Segeda se negó a detener las obras, ante lo cual Roma consideró rotos los tratados de paz y declaró la guerra. Quizás pueda parecer desproporcionada tal acción al comparar el inmenso poder de Roma con respecto a la de un poblado de la Celtiberia, pero lo que desde luego el gobierno de la República no quería era dar ejemplo al resto de tribus celtíberas y que estas hicieran lo que les viniera en gana, pudiendo provocar un nuevo levantamiento.

Zona arqueológica de Segeda, Belmonte de Gracián, Zaragoza, España

El hecho es que la respuesta romana no tardó en llegar, y fue contundente. En lugar de ser enviado el pretor de la Hispania Citerior, una especie de cargo de gobernador provincial, se envió a la península a uno de los dos cónsules elegidos para ese año. Haciendo aquí un inciso,  durante la época de la República el cargo de gobierno más importante era el consulado, para el cual cada año eran elegidos dos ciudadanos, que tenían potestad de legislar además de dirigir las legiones. Es decir, que el hecho de que Segeda no respetara el tratado alcanzado anteriormente era visto realmente como una seria amenaza, visto que fue el cónsul Fulvio Nobilior el enviado junto a sus legiones en lugar del pretor de turno.

Pero aquí se planteó otro problema. Hasta apenas unas décadas antes, los dominios de Roma apenas salían de la península itálica, lo que permitía seguir el modelo tradicional de guerra, el cual consistía en luchar durante la primavera y el verano mientras que a finales de este los legionarios, que no eran soldados profesionales sino ciudadanos con tierras, regresaban a sus casas para recoger la cosecha. Esto no había presentado obstáculo alguno hasta entonces, pues las distancias a recorrer entre el frente de guerra y los hogares de los soldados eran aceptables. Pero con el comienzo de la expansión por el Mediterráneo esto ya sí que se convierte en un problema, pues rompía ese esquema tradicional de guerrear al aumentar la lejanía del campo de batalla. Y en el caso de Hispania este era un problema aún más grande, y esto lo motivaba el calendario romano tradicional.

Según este, el año comenzaba cuando eran elegidos los cónsules para ese año, es decir, en los idus de marzo, que caían el día 15. Pero claro, entre que los cónsules realizaban diversas ceremonias, se reclutaban las legiones, se armaban, se entrenaban, se preparaba el abastecimiento, embarcaban e iban a Hispania, se encontraban que llegaban al frente cuando prácticamente acababa el verano, perdiendo así la etapa más propicia para las campañas militares. De hecho, de ese comienzo del año en el mes de marzo nos siguen quedando recuerdos en la actualidad. Septiembre, noviembre o diciembre se llaman así porque por aquél entonces eran los meses séptimo, noveno y décimo del año, cosa que evidentemente ahora no concuerda.

La nueva guerra celtibérica iniciada por la rebeldía de Segeda provocó ese hándicap de fechas, y finalmente el senado romano decidió en el año 153 a.C. adelantar las elecciones al consulado y por tanto el comienzo del año romano a las kalendas de enero, es decir, al día 1 de enero, para así ganar tiempo y que las legiones llegaran a Hispania a comienzos del verano. Esto se mantuvo así y el calendario romano es el origen del calendario que los países occidentales han mantenido hasta nuestros días con diversas variaciones. Pero en esencia, la culpa de que las uvas nos las comamos la noche del 31 de diciembre al 1 de enero y no a mitad de marzo la tuvo un poblado celtíbero situado muy cerquita de la actual Calatayud.

Pero, ¿qué fue de esos rebeldes habitantes de Segeda? Bueno, por no alargarme, solo diré que el avance romano les pilló de sorpresa y con las nuevas murallas a medio hacer, así que decidieron abandonar su ciudad y refugiarse en la famosa Numancia, capital de los arévacos, la capital de otra de las tribus celtíberas. Juntos, y junto a otros pueblos, lucharon durante años, poniendo en jaque a las tropas de uno de los Estados más poderosos de la historia de la humanidad.

Fuente: blog de Historia de Aragón.
Imágenes: servicio de Google imágenes.

martes, 18 de diciembre de 2018

1118: la reconquista cristiana de Zaragoza

Uno de los momentos más emblemáticos de la conquista cristiana por parte del Reino de Aragón fue la toma de Zaragoza (o Saraqusta, como la llamaban los musulmanes) el 18 de diciembre del año 1118. Fue todo un hito, casi comparable a la conquista de Toledo por parte de los castellanos 33 años antes. Y es que la Zaragoza musulmana, o la Medina Albaida como la denominaban los poetas andalusíes (la Ciudad Blanca), había sido una de las urbes más importantes de toda al-Andalus. No solo en población, sino por su importancia política tanto en los periodos emiral y califal, además de haber sido uno de los reinos de taifas más poderosos. También tuvo mucha importancia en el aspecto cultural, con figuras como el gran filósofo Avempace.

Saraqusta durante la época musulmana

Pero desde finales del siglo XI el Reino de Aragón estaba mostrando un enorme empuje que le llevó en el año 1096 a conquistar Huesca, amenazando ya casi de forma directa a Zaragoza. Su conquista ya era casi cuestión de tiempo y de quién se haría con tan preciado premio, pues no solo los aragoneses la ambicionaban. Castilla ya había logrado casi medio siglo antes someterla al pago de parias, por lo que esgrimían que si alguien tenía derecho a tomar la ciudad eran precisamente ellos.

Pero Alfonso I, “el Batallador”, quien llegó al trono aragonés en el año 1104, no iba a permitir que eso sucediera, pues habría significado el cierre de su zona de expansión y que a Aragón le ocurriera lo mismo que le sucedería a Navarra.  Así pues se puso manos a la obra y comenzó los preparativos que culminarían con el asedio a la capital del Ebro. El monarca aragonés sabía que solo con sus propias fuerzas sería difícil someter a una ciudad que se calcula contaba por aquél entonces con unos 25 000 habitantes junto con sus alrededores, la cual era una cifra considerable para le época. Por ello comenzó unas maniobras diplomáticas que llevaron a la concesión de la Bula de Santa Cruzada por parte del papa Gelasio II, lo que le concedió unos importantes ingresos para dedicar al asedio además de que fueron numerosos los caballeros europeos que acudieron a la llamada del pontífice. No en vano, apenas 20 años antes se había conquistado Jerusalén, y la cristiandad seguía demandando hombres para ir a luchar a Tierra Santa y defender los Santos Lugares. Las indulgencias celestiales que se concedía a los que allí fueran eran importantes, pero el viaje era largo e incierto. Es por ello que la cruzada de Zaragoza tuvo un gran éxito, sobre todo entre los caballeros franceses pero también navarros, catalanes y castellanos, pues tenían mucho más cercana a la ciudad del Ebro que a la ciudad palestina y los premios espirituales, así como la promesa de botín, eran las mismas. Algunos de los señores más importantes que acudieron a la llamada fueron Gastón de Bearne, vizconde del Bearne (Francia) y quien gracias a su enorme contribución recibió de manos del monarca varios señoríos en Aragón, incluyendo los de Zaragoza y Uncastillo. Era un hombre de gran experiencia en estas lides, pues participó en la ya mencionada Primera Cruzada de Tierra Santa, en la que se conquistaron los Santos Lugares. También es destacable la participación de Céntulo, conde Bigorra (Francia) y hermano de Gastón.

 
Las tropas se concentraron en Ayerbe y desde allí fueron avanzando y sometiendo plazas como Almudévar, Gurrea de Gállego y Zuera. El asedio comenzó en mayo del año 1118 y fue largo a pesar de la escasez de defensores con los que contaba la ciudad. Sin embargo, los almorávides, dominadores por entonces de al-Andalus, enviaron desde Granada a Abd Allah ibn Mazdali con un contingente de hombres para sostener la defensa.

Alfonso I llegó al sitio una vez iniciado este, y cuenta la leyenda que avistó la ciudad desde la zona que hoy se conoce como Juslibol. Este nombre deriva de la frase en latín “Deus lo vol” (“Dios lo quiere”), que era el grito de guerra usado por los cruzados en Tierra Santa y que por supuesto usó también el monarca al ver el objetivo tan cerca ya de su alcane. Existe también en la zona los restos de un castillo llamado también de Juslibol y mandado construir en tiempos de Pedro I, lo que quizás habría dado el nombre a la zona.


El asedio fue penoso tanto para sitiados como para sitiadores. Incluso un buen número de franceses regresaron a sus casas debido a la falta de víveres. Pero también nos dejó algunas historias para el recuerdo. Junto al río Huerva sigue existiendo la iglesia dedicada a San Miguel de los Navarros. Pero, ¿por qué ese apelativo? En los alrededores de lo que hoy es la plaza de San Miguel se situó el campamento formado por el contingente de navarros que habían acudido a la cruzada para conquistar la ciudad. Durante uno de los intentos de asalto a esa zona de la muralla, los musulmanes realizaron una salida que logró poner en serios apuros a los soldados navarros. Cuando parecía que los defensores de la ciudad estaban a punto de imponerse y dar un duro golpe al cerco cristiano, cuenta la historia que apareció el Arcángel Miguel y comenzó a luchar contra las tropas islámicas, obligándolas a volver a entrar en la ciudad y salvando así al ejército cristiano de una dura derrota. Por ello, y con el tiempo, fue ahí donde se erigió en recuerdo la iglesia de San Miguel de los Navarros, protagonista también de otra historia, la Campana de los Perdidos, pero eso lo dejaremos para otro día.


El invierno se echó encima pero la ciudad, ya escasa de víveres, perdió el 16 de noviembre al líder de la defensa, el mencionado Abd Allah ibn Mazdali, lo que desmoralizó ya de forma definitiva a los defensores. Finalmente, el 11 de diciembre se acordó la entrega de la ciudad, y por fin el día 18 Alfonso I y su ejército entraron en Zaragoza, que, tras 404 años de dominio musulmán, volvió a ser de nuevo cristiana.

Texto: Sergio Martínez Gil, licenciado en Historia por la Univ. de Zaragoza.
Fuente: Blog "Historia de Aragón".

viernes, 12 de octubre de 2018

La Basílica del Pilar cumple 300 años

De planta rectangular, se celebró procesión y ceremonia pontifical a cargo de Manuel Pérez de Araciel.


La construcción de una catedral es una empresa colectiva que se prolonga años y años, con varios reyes y sus gobiernos y, en algún caso, durante varios siglos. La historia de la basílica del Pilar, desde sus orígenes y en los siglos oscuros, es como la escritura de una enciclopedia de piedra y arte en el tiempo, y es, también, una síntesis de la evolución de distintos estilos arquitectónicos. Ha tenido y tiene muchos especialistas: Federico Torralba, Carmen Morte, Arturo Ansón, Guillermo Fatás y Domingo Buesa, entre otros. Hoy exactamente, día 12 de octubre de 2018, se cumplen 300 años de la inauguración del templo barroco del Pilar, que se asentaba sobre la antigua iglesia románica y sobre otra posterior, más ambiciosa, gótico-mudéjar, cuyo retablo mayor, de Damián Forment, se estrenó en 1518, hace cinco siglos.

Había sido el virrey de Aragón, Juan José de Austria, el responsable de promover en 1670 un edificio de nueva planta, que se parece mucho al templo rectangular que tenemos y que concibió Ventura Rodríguez. Tuvo varios maestros de obra, entre ellos Felipe Busiñac y Felipe Sánchez, a los que se sumó el arquitecto real Francisco Herrera, ‘el Mozo.’

La nueva construcción se puso en marcha en 1681 y casi 40 años después se inauguró el templo barroco, que se parecía mucho al que conocemos ahora. El historiador Domingo Buesa, conocedor del conjunto y comisario de varias exposiciones pilaristas, entre ellas ‘El Pilar es la Columna’ y ‘El espejo de nuestra historia’, recuerda ese momento clave. Afirma: "Para las gentes de Zaragoza, la construcción del nuevo templo del Pilar constituyó la creación de la imagen de la nueva ciudad que se había convertido en un símbolo para el mundo europeo con el divulgado milagro de Calanda".

La plaza de los ciudadanos

El relato de Miguel Juan Pellicer (1617-1647) había cautivado la atención de las Cortes europeas desde Inglaterra a Viena y fue sancionado luego, tras dos años de investigación, por el arzobispo Apaolaza. Insiste el especialista: "El templo barroco del Pilar recuerda que todos los habitantes de la ciudad construyeron con su contribución personal y sus manos la plaza, lo que se llama “la bandeja delante del templo”, y que fue regalada a la Virgen".

La efemérides empezó en realidad la víspera del día del Pilar. Con la bendición del templo el 11 de octubre de 1718 se aportó un espacio preparado para acoger grandes masas de peregrinos y para dignificar la casa de la Virgen del Pilar que había sido convertida en patrona de la ciudad y patrona del Reino. La tarde del 11 de octubre de 1718 se celebró la primera solemnidad que sirvió de inicio de las celebraciones de la inauguración y el 12 se bendijo con la misa pontifical de Manuel Pérez de Araciel el espacio de los cuatro primeros tramos.

Guillermo Fatás, catedrático de Historia Antigua e historiador de Zaragoza, aporta otro dato: "Quizá deba advertirse que no se había hecho aún la Santa Capilla, estudiada en profundidad por don Federico Torralba Soriano, según la vemos hoy. Lo principal de la liturgia fue una gran procesión para reponer en el altar mayor las reliquias de san Braulio".

Fatás, apasionado del recinto, ha descubierto un hecho muy curioso: el día 12 de octubre se cantaron coplas populares del siglo XVIII. "No se sabe exactamente quien cantó, pero eran coplas con estructura de jota, y algunas parecían de picadillo. Por ejemplo, El Pilar le decía a La Seo: 

"Tú necesitas de muchas / 
columnas para tu planta / 
y yo, con un solo Pilar, / 
tengo más segura Casa"

La magna empresa del Pilar bien podría dar lugar a una novela de José Saramago, Ken Follett o Ildefonso Falcones tan solo por su proceso de ejecución y por la presencia de arquitectos, artistas y maestros albañiles o artesanos.

"La obra arquitectónica, que está apoyada por la familia real, es el símbolo de esa nueva forma de religiosidad que abandona la intimidad de los espacios pequeños, toda una herencia medieval, y busca los grandes espacios para construir la procesión como expresión de los nuevos sentimientos religiosos que apuestan por manifestar la fe en sociedad". Casi como hoy, en cierto modo.

Concluye Buesa: "Se trata de una fe apoyada en el grupo y en clara sintonía con la idea de una sociedad que forma parte del Cuerpo de Cristo, que peregrina junta buscando la Luz y el apoyo de los grandes mediadores, entre los que la Virgen del Pilar adquiere un notable protagonismo".

Fuente: Heraldo.es

sábado, 6 de octubre de 2018

Pilares 2018

Por si queda alguien que, a estas alturas, y después de todo el revuelo que se ha montado en el último mes, fiestas en honor a Nuestra Señora del Pilar del 6 al 14 de octubre...


Aquí, el pregón de 2017 que dio el rapero zaragozano Kase.O tras el monumental pitadón (y con razón) que se comieron los sres. alcalde y concejal del Ayuntamiento de Zaragoza...


 

Que paséis buenos días y que disfrutéis las fiestas con alegría en compañía de vuestros seres más queridos.

martes, 14 de agosto de 2018

Las bromas de la Expo 2008 que ahora pueden salir a la luz

Fue un fin de obras mucho más frenético de lo que pareció en su día. La crecida del Ebro, tras un mes de mayo con 22 días de lluvias, algo insólito en los 105 años anteriores, hizo que los operarios siguieran el 13 de junio de 2008 por la mañana instalando los triángulos de 120 formatos diferentes que recubren la fachada del Pabellón Puente de Zaha Hadid. Los plazos eran tan ajustados que el mismo Roque Gistau, presidente de Expoagua, indicó al personal de seguridad de la Casa Real que, si tenían que salir para que chequearan el recinto esa mañana, "avisara al Rey para que no viniera porque la Expo no se inauguraba". Pero la ceremonia se celebró, aunque de un modo muy distinto al que se había pensado. 


El espectáculo 'Iluminar', del francés Christophe Berthoneau, era el plan B. La crecida forzó la decisión, que se adoptó en los últimos días. De hecho, los invitados a la gala inaugural tenían asignados asientos en el frente fluvial y en el Palacio de Congreso, y estaban advertidos de que, en esta ocasión, el Ebro condicionaría el escenario final. Los fuegos artificiales iluminaron la Torre del Agua, un icono que vio limitada su altura para no superar los 94 metros de altura de las torres de la Basílica el Pilar.

En los 93 días que duró la Expo todos los días pasaban cosas, unas buenas, y otras no tanto. Días que pusieron a prueba los nervios del personal de protocolo, que consiguió que los 16 jefes de Estado, los 20 jefes de Gobierno y los 89 ministros que pasaron por Ranillas, en representación de más de un centenar de países, se fueran contentos. Solo hubo una queja, la de Lituania, porque una grúa manchó de grasa su bandera una de las veces en la que iba a retirarla. 

No hubo fallos con los himnos nacionales. Pero sí se solventó 'in extremis' una posible crisis a causa de las banderas. En el Día de Paraguay, estuvieron a punto de izar la bandera de El Salvador porque estaba mal empaquetada. Y se dieron cuenta cuando apenas quedaban siete minutos para la llegada de la delegación nacional. Dos miembros de protocolo corrieron al hotel Hiberus y, mientras uno pedía permiso, el otro iba 'birlando' la enseña. Un problema más: faltaban sus dos escudos. Regresaron corriendo al hotel y se llevaron la grapadora. El cierzo que soplaba en Zaragoza, y que impidió que la bandera ondeara por completo, hizo el resto. 

Son muchos los que destacan la asistencia de Mijaíl Gorvachov, el último líder de la extinta Unión Soviética, a la Expo 2008. Lo que pocos saben es que se quedó 'colgado' en un ascensor del Palacio de Congresos de Huesca, en uno de los actos que se celebró fuera de Ranillas. También cautivó Naruhito, el príncipe heredero de Japón, tanto que muchos le abrazaron. Pero él hizo gala de una extraordinaria paciencia y, como los japoneses le saludaron al modo tradicional, el cariño de los zaragozanos no acabó en un incidente internacional. 


Algunos países ponían sus condiciones. Lituania que trajo el agua de su país, y Kazajistán quería que parara el teleférico en su día nacional por motivos de seguridad. Solo desistió al conocer lo que tendría que pagar si lo hacían. El Congreso de Viena regula las relaciones internacionales y hay que tratar igual a todos los países, con independencia del tamaño que tengan. 

Aunque ya lo esperaban, los participantes de algunas comitivas internacionales se ponían enfermos en cuanto pisaban España. Sí hubo un caso crítico, el de un viceministro norcoreano que intentó curarse a base de vísceras de cerdo y acabó en el hospital bastante grave. Afortunadamente se salvó. 


No hubo tranquilidad ni siquiera en la ceremonia de clausura. Si el Ebro obligó a modificar la ceremonia de inauguración, el cierzo estuvo a punto de dar al traste con la de clausura. Apenas unos minutos antes del inicio del espectáculo pirotécnico, se logró la autorización para poder lanzar los fuegos artificiales. Y nadie se dio cuenta. Así que no es de extrañar que la mayoría de los responsables perdieran peso; algunos acabaron con diez kilos menos. 



sábado, 14 de julio de 2018

¿Qué fue de los iconos de la Expo Zaragoza 2008?

Algunos símbolos de la Expo aún esperan ser reivindicados, mientras que otros se vendieron al mejor postor o, en el peor de los casos, se les ha perdido la pista. Se dijo que se haría un museo con todos ellos, pero no ha fructificado.


La cabeza de serpiente del Circo del Sol

Se dijo que se reutilizaría para el desfile del pregón de las fiestas del Pilar, pero se hizo ademán de sacarla hace unos años y se olvidaron de ella. En 2010, el reptil sí presidió en la entrada de Vía Univérsitas el Parque de los Insectos que en aquella ocasión se ubicó en el parque Delicias. La serpiente del Circo del Sol está en almacenes municipales, si bien ‘el lector’ de la cabalgata sí formó parte de una reciente exposición en la Sala de la Corona del Pignatelli el día de San Jorge, con la que la DGA celebraba los diez años de la muestra.


Los pingüinos del Iceberg

Suelen protagonizar algunas muestras puntuales nostálgicas de la Expo. Del espectáculo Iceberg se rescató el ojo y la pestaña del gigantesco rostro que giraba en el escenario. También se salvó el camión que salía por la boca y tres pingüinos de los que se lanzaban al Ebro. Alguno de ellos se ha dejado ver en el Acuario, en las oficinas de Turismo o en el Instituto de Tecnología. Al menos tres de estos pingüinos se guardan en un almacén propiedad de Expo Empresarial, si bien también los hay en casas particulares porque los zaragozanos los pescaban al caer al río.

El brillo de las teselas africanas

Supuestamente servirían para decorar la fachada del centro de arte y tecnología de la Milla Digital. Pero no. El pillaje pudo con esta estructura y cuentan que la noche de la clausura de la Expo muchos trabajadores arrancaron y arramblaron con las teselas leds «como si fueran trocitos del muro de Berlín». La tecnología y a la iluminación de última generación hacía que se crearan paisajes cambiantes de la sabana africana y, como curiosidad, cabe citar que la ficha más sustraída (y más repuesta) durante la Expo fue la numerada como K2, que dibujaba unas montañitas.


La gran escultura de bidones

Decenas de bidones y garrafas colgaban de lo alto del Faro conformando una singular escultura que –se dijo– se reciclaría en otro espacio público. De momento, algunas de las botellas se conservan en el interior de uno de los cacahuetes, el denominado edificio Ebro 5, donde se encuentra el mayor almacén (que aún requiere de una exploración a fondo) de objetos la Expo. Allí están algunas garrafas del Faro pero parece que el ramo gigante de botellas (que colgaban a una altura de 22 metros y simbolizaban la necesidad de agua potable) se deshizo tras concluir la muestra.

Las frutas hinchables del pabellón de Aragón

Uno de los secretos mejor guardado es el paradero de las frutas y hortalizas que iluminaban enhiestas el cielo de Ranillas. Es un secreto o un misterio, porque su ubicación es tan incógnita como incierta. Algunas fuentes apuntan a que permanecen en un almacén de la DGA en el polígono de Cogullada y otras a que pueden estar embaladas en el depósito de cachivaches de la Expo que existe en edificio Ebro 5. Eso sí, los hinchables exigían que se plegaran con mucho tino para preservar sus estructuras. Las 17 piezas hiperbólicas (cebollas de Fuentes, melocotón de Calanda, cerezas de Bolea...) eran obra de Quim Güixá y no se han vuelto a ver desde 2008.


Los coloridos topos del parasol

Los topos azules y amarillos de la que fuera pérgola textil que cubría la entrada de la avenida de Ranillas iban a ir a la basura. La asociación del Legado Expo los recogió y los regaló a los interesados a través de su página web. El Ayuntamiento decidió a finales de 2012 cambiar el inmenso parasol y sustituirlo por una nueva pérgola, con otra estética y concepto. Con diseño de Isidro Ferrer, se trata de lonas de tela inspiradas en una cubierta de cañizo con el nombre de los países que participaron en la Expo.


El maquetón zaragozano

La magna maqueta con toda la ciudad al detalle que se podía ver en el pabelló de Zaragoza (¡y que costó un millón de euros!) luce en el ‘hall ‘ del Ayuntamiento. Todas las piezas estuvieron dos años y medio desmontadas y guardadas en un depósito municipal. No era fácil buscarle una nueva ubicación porque la maqueta tiene 15 metros de largo por 6,7 de ancho. Lo mejor es que se ilumina en diferentes colores destacando los atractivos y edificios importantes de la ciudad.

Collares, pines y quincallas varias

Llaveros, pines, carpetas, mochilas, fundas de móvil, e incluso galletas y café fueron algunos de los artículos que se vendieron dos semanas después del cierre en un mercadillo de objetos procedentes de los diversos pabellones. Se celebró a los pies de la Torre del Agua y causó gran expectación entre los trabajadores del recinto y los cazadores de recuerdos. Piezas parecidas reaparecen después en casetas ‘regionales’ de las fiestas y ferias como las de Navidad o las Tres Culturas.

Los cientos de banderas

Las banderas de los 106 países y 19 comunidades autónomas participantes se subastaron. Hubo cuatro juegos de banderas que se cambiaban cada 20 días (de noche con grúas) porque el cierzo las estropeaba. También hubo dos enseñas gigantísimas, una del BIE (Oficina Internacional de Exposiciones) y otra de España, que tenían 25 metros cuadrados cada una y que se colocaban en las grandes citas en el palacio de Congresos. Por difícil que parezca dada su enormidad (como un minipiso de los que se promocionaban entonces) se les ha perdido la pista.


Las obras de arte de los creadores de la tierra

En la cuarta planta del pabellón de Aragón podían verse el Bronce de Botorrita, la Virgen de Iguacel o, por citar un ejemplo más contemporáneo, un óleo con el que Antonio Saura. Todas estas piezas volvieron a sus propietarios tras la muestra, ya que eran préstamos temporales. Las obras de vanguardia que se escondían en los pilares de la primera planta eran propiedad de los artistas y el Gobierno de Aragón, al concluir la Expo, no las adquirió. Entre otras, se exhibían creaciones de Javier Codesal, Bernardí Roig y Baltazar Torres. También la instalación ‘Sueños azules’, del artista Ricardo Calero, de la que fueron sustraídas más de cien ‘lágrimas’ de cristal.

Las cestas de la telecabina

La telecabina de la Expo debía sobrevivir a la cita internacional y funcionar durante 25 años como recurso turístico de Zaragoza, pero dejó de girar hace más de ocho años por sus elevadas pérdidas. En mayo de 2015 comenzaron a desmontarse las cestas (los postes siguen) con la intención de preservarlas hasta su traslado a alguna estación de esquí. Los propietarios de esta infraestructura, Aramon, y la empresa que la fabricó, Leitner, buscan un complejo invernal que se interese por el telecabina. Tras la Expo se esperaban unos 190 000 viajes anuales pero apenas se alcanzaban los 35 000.


El Greco de la Santa Sede

‘El bautismo de Cristo’, el último cuadro que pintó el Greco antes de morir, se exhibió durante tres meses en el pabellón de la Santa Sede. Cedido por la fundación Casa Ducal de Medinaceli, a la que pertenece la obra fechada entre 1612 y 1622, fue tratado entre algodones y constantemente custodiado. Tras la Expo, con una escolta de seguridad, volvió por carretera hasta el lugar donde se expone habitualmente: la iglesia hospital de Tavera, un municipio de la provincia de Toledo. En Ranillas este cuadro y otras obras atrajaeron a 453 168 visitantes.


Una maqueta para El Faro

No es tan pequeña (está a escala 1:40) y se eleva sobre una base de piedras que quieren simbolizar a todas las organizaciones que trabajaron en ese espacio. El escultor Fernando Nácher (con experiencia como docente en el taller de cerámica de Muel) completó la maqueta del emblemático pabellón el Faro, que fue el punto de encuentro del comercio justo y las oenegés en la Expo. El edificio con forma de cántaro o botijo de barro fue obra del arquitecto Ricardo Higueras y se destruyó tras la muestra.


La plaza temática Sed se reinventa en Valladolid

No deja de asombrar que el mejor paradigma de la buena gestión de la post-Expo se encuentre... ¡en Valladolid! Zaragoza decidió malvender el pabellón Sed, que se ha transformado en la ‘Cúpula del Milenio y se ha convertido en icono pucelano. Por apenas 12 000 euros y aduciendo que en el frente fluvial no se podía mantener por las crecidas del río, se perdió una plaza temática, al tiempo que sus gemelas, Agua Extrema o El Faro, sucumbían bajo la piqueta. Con alguna reformita, a orillas del Pisuerga luce como nueva.

El sino de los regalos oficiales

Zaragoza fue la sede pero España era el país organizador de la Expo, por lo que los regalos oficiales se llevaron todos a Moncloa. Los países africanos acostumbraban a regalar figuritas de animales; los europeos, cuadros y libros; los americanos, artesanías y telares; mientras que los árabes obsquiaban objetos de marfil o con dorados, eso sí, de menos de 125 dólares, porque tal era la norma. El libro de honor con todas las dedicatorias traducidas también está en Madrid.

Otros sueños que se frustraron

Cuando la gran verbena de Ranillas tocaba a su fin (el 14 de septiembre), hubo no pocas voces ciudadanas que pedían que se prolongara hasta el Pilar. Aquello fue imposible como fue también celebrar en 2014 ExpoFloralia en Las Fuentes (ExpoNabo para los amigos) que proclamaba Belloch a los cuatro vientos para arreglar la orla este. Mucho más cerca estuvo la capitalidad cultural europea del 2016, aunque finalmente fue San Sebastián la que se llevó el gato al agua.

Fuentes: Heraldo.es y archivo fotográfico de Heraldo.