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miércoles, 22 de julio de 2026

La Extra

Aquellos que trabajan por cuenta ajena y perciben un salario mensual (si el correspondiente convenio al que están acogidos así lo indica) cuando llega el mes de junio y mediados de diciembre reciben una paga a la que se le conoce popularmente como ‘la extra’ (extra de verano o extra de Navidad).

El origen de estas pagas extras se remontan a la década de los años 40 del pasado siglo XX. En un momento en el que España intentaba a salir del bache económico que había supuesto la Guerra Civil, y a nivel global la Segunda Guerra Mundial, el gobierno del General Franco decidió compensar a los trabajadores por el encarecimiento del nivel de vida y la caída de salarios que habían sufrido. Para ello se ideó una gratificación extraordinaria que significaba la retribución de una semana de salario y que percibirían todos los trabajadores en diciembre de 1944.

 

El motivo era conmemorar la Natividad del Señor y ayudar así a los gastos extras que se generaban durante los días de esa Navidad.

Esta paga extraordinaria alcanzó tal popularidad, y era recibida con gran alegría por parte de los asalariados que, en 1947, desde el gobierno se pensó en realizar una segunda gratificación anual, pero esta vez como conmemoración a uno de los días grandes señalados en el calendario de la época: el Alzamiento Nacional o lo que venía a ser lo mismo, la paga del 18 de julio como se conoció a lo largo de las siguientes tres décadas.

Tras el fin de la dictadura franquista y con la llegada de la democracia, estas gratificaciones extraordinarias continuaron realizándose, pasando de ser la paga del 18 de julio a la extra de verano y la de la Natividad del Señor a la extra de Navidad.

Cabe destacar que esas pagas extras eran un añadido a las 12 retribuciones mensuales que percibía el trabajador, aunque actualmente son muchas las empresas que prorratean las extras entre las 12 mensualidades o incluso quien divide entre 14 el salario ofrecido al trabajador, por lo que esas dos pagas pierden el sentido de "extraordinarias"

miércoles, 24 de diciembre de 2025

Desde JPC, Feliz Navidad y Próspero Año Nuevo 2026

Un año más, pero esta vez de manera distinta, me gustaría desearos a todos una Feliz Navidad y un Feliz Año Nuevo 2026.

Sobre todo, que celebréis estas fiestas llenos de gozo y alegría, junto con todas aquellas personas que os quieren y aprecian. Y si habéis tenido algún problema, aparcad vuestras diferencias, aunque sea solo por unos pocos días. 


La novedad este año es que también quiero desearos un feliz año. Por un 2026 feliz, pleno en alegrías, salud, celebraciones y éxitos en todos los aspectos.

Como también os digo siempre, recordad aquellos momentos malos que tuvo el 2025, leed y sacad provecho de las lecciones que hayáis podido aprender de aquellas situaciones.

En vuestras manos está en que el 2026 sea un año redondo, el mejor año de vuestras vidas.

Y también, como no puede ser de otra forma, me gustaría daros las gracias a todos aquellos que habéis sacado un minuto de vuestro tiempo para daros una vuelta por el blog durante este 2025 que está a puntito de dejarnos. A ver si hay suerte y, en este 2026, celebramos que, por fin, alcanzamos las 100 000 visitas al blog desde su creación.

 

¡¡¡¡FELIZ NAVIDAD!!!!

¡¡¡¡FELIZ AÑO NUEVO 2026!!!! 


lunes, 20 de enero de 2025

¿Por qué se celebra siempre la toma de posesión del Presidente de los EE. UU. el 20 de enero?

Hasta 1933, la fecha en la que se realizaba el solemne acto de investidura presidencial siempre fue el día 4 de marzo, a excepción de la toma de posesión de George Washington, primer presidente de los EEUU, que fue el 30 de abril de 1789 y en los casos de algunos presidentes muertos antes de acabar el mandato (en los siglos XVIII y XIX) y que resultaría muy largo de explicar.


El día fue elegido a partir del segundo mandato de G. Washington como conmemoración del 4 de marzo de 1789, día en el que se reunió, por primera vez en la historia, el Congreso de los Estados Unidos.

Se dispuso que, tras la celebración de las elecciones, el plazo de 4 meses era el idóneo para arreglar todos los asuntos concernientes al traspaso de poderes, creación y preparación del nuevo gobierno que debía tomar posesión.

Ese periodo entre las elecciones, la composición del nuevo Congreso y la toma de posesión del presidente parecía razonable en los siglos XVIII y XIX, pero comenzó a verse como excesivo a la llegada del siglo XX, entre otras cosas porque generaba oportunidades para la desestabilización política, sobre todo en aquellos casos en los que el presidente saliente y el electo eran de diferentes partidos políticos.

Aunque este último no fue el caso, la importantísima crisis por la Gran Depresión con la que se encontró en su periodo de reelección el presidente Roosevelt, hizo que éste no pudiese aplicar las medidas oportunas durante esos meses de transición, por lo que se buscó la urgente solución a través de una petición realizada unos años atrás por el senador George Norris, quien había propuesto realizar una enmienda que solucionase y acortase esos plazos.

En 1933 fue aprobada y ratificada la Vigésima Enmienda de la Constitución de los Estados Unidos, por la que se establecía que, tras las elecciones presidenciales, el nuevo Congreso se constituiría recién estrenado el año (el 3 de enero) y el presidente tomaría posesión de su cargo el 20 de enero, como viene realizándose desde 1937 en que se instauró oficialmente.

Como nota anecdótica, cabe destacar que la toma de posesión sólo se ha movido en cuatro ocasiones desde que se instauró en 1937 (2.ª legislatura de Franklin D. Roosevelt): el fallecimiento del propio Roosevelt (su sucesor Harry S. Truman lo hizo el 12 de abril de 1945), la segunda investidura de Dwight D. Eisenhower en 1957 que también cayó en domingo, el asesinato de John F. Kennedy (Lyndon B. Johnson lo hizo el 22 de noviembre de 1963, foto arriba) y tras la dimisión de Richard M. Nixon, salpicado por el escándalo del caso Watergate (el 9 de agosto de 1974 Gerald Ford tomaba posesión). Cabe destacar que el 20 de enero 2013, fecha de la toma de posesión del cargo (en su segundo mandato) de Barack Obama, cayó en domingo, así que el juramento se realizó en una ceremonia privada dentro de la Casa Blanca  y se trasladó el acto público ante los ciudadanos al día siguiente, el lunes 21 de enero.

lunes, 9 de diciembre de 2024

¿En qué lugar y por qué se encendieron las primeras luces de Navidad?

La iluminación navideña es uno de los primeros motivos navideños que suele colocarse en las calles y comercios de muchas poblaciones. Y tan primeros, si no que se lo digan a los vecinos de Vigo o a los de Madrid, o a los de cualquier ciudad española, donde se empiezan a colocar meses antes de los últimos días de noviembre, donde se realiza el acto del encendido oficial y dando así el pistoletazo de salida al periodo navideño de compras.

Las primeras luces de Navidad aparecieron tan solo tres años después de que Thomas Edison patentase la lámpara incandescente de filamento de carbono que con éxito comercializaría y que nosotros conocemos como bombilla. A pesar de que es de sobras conocido que el invento de la bombilla se lo debemos en realidad a Joseph Wilson Swan, aunque por largo tiempo se le atribuyó a Edison.

Diez años más tarde, muchos hogares ya decoraban sus árboles con lámparas incandescentes y, en 1895, el Presidente de los Estados Unidos, Grover Cleveland, colocó en la Casa Blanca el primer árbol de Navidad adornado con un centenar de bombillas de colores.

sábado, 5 de octubre de 2024

Pilares 2024

Otro año más, y para no faltar a la costumbre, hoy, día 5 de octubre, comienzan las fiestas en honor a Nuestra Señora del Pilar.

El pregón del año pasado estuvo protagonizado por las jugadoras del Casademont Zaragoza con la, hoy campeona olímpica de baloncesto 3x3, Vega Gimeno, a la cabeza.

 

Pasad buenos días y disfrutad de las fiestas.

sábado, 7 de octubre de 2023

Pilares 2023

Para no faltar a la costumbre, y a pesar de que tengo el blog un tanto abandonado, hoy, día 7 de octubre, comienzan las Fiestas en honor a Nuestra Señora del Pilar.

Este año sí que puedo retomar esa vieja costumbre de poner el pregón del año pasado. Pregón protagonizado por la Jota Aragonesa, que fue redactado por el escritor Pepe Melero y fue leído por Sara Caballero, José Miguel Pamplona, Sara Moreno y Diego de Pablo.

 

Pasadlo bien y disfrutad de las fiestas.

domingo, 12 de marzo de 2023

Cuando Albert Einstein estuvo 50 horas en Zaragoza

Albert Einstein llegó a Barcelona un 22 de febrero de 1923. Apareció “de incógnito” por iniciativa del profesor Esteban Cerradas e Illa. Había sido invitado a pronunciar tres conferencias “esquemáticas” sobre sus últimos descubrimientos. Dos años antes había recibido el premio Nobel de Física, pero no por sus teorías sobre la relatividad -formuladas por primera vez en 1905 y ampliadas de manera definitiva una década después, en concreto en 1916, con su teoría de la gravitación y el principio de la relatividad general-, sino “por sus méritos en el campo de la física teórica, y especialmente por sus descubrimientos de la ley del efecto fotoeléctrico”. 

Habían cambiado algunas cosas en su existencia: se había separado de su esposa y colaboradora muy directa Milena Marec (a ella destinó la mitad del premio de la academia sueca; la otra mitad fue para una organización de caridad), y se había unido a su prima Elsa, divorciada y madre de dos hijos.

Según cuentan los periódicos de la época -Javier Turrión ha realizado un exhaustivo trabajo de recopilación de las notas aparecidas en la prensa en el segundo tomo de su libro eminentemente científico: “Einstein. II. El tiempo propio” (Unaluna)-, Einstein se instaló en una fonda modesta, pero el dueño lo reconoció de inmediato y pensó que su humilde establecimiento era indigno de un personaje así y lo llevó al hotel Colón. Fue recibido en el ayuntamiento de la ciudad y desplegó una intensa actividad. Desde Barcelona, en tren, el sabio se trasladó a Madrid, donde impartiría tres conferencias sobre sus últimos descubrimientos en la Universidad Central, en el aula de Física.

EN MADRID CON JULIO PALACIOS  

Fue acogido por numerosos profesores, Blas Cabrera, entre ellos. El seis de marzo realizó un viaje a Toledo, y confesó en público y en privado -solía hablar en francés y a veces en su lengua, el alemán- que aquel “había sido uno de los días más hermosos de su vida”. Dijo que Toledo era como un cuento de hadas y se quedó fascinado ante la obra de El Greco. Visitó el Museo del Prado, pero también la Residencia de Estudiantes, donde se hizo fotos con los catedráticos, y entre ellos aparece el físico aragonés de Paniza Julio Palacios, que desplegó una labor increíble como científico, viajero y gramático, y fue uno de los pocos españoles que rechazó la teoría de la relatividad de Einstein, hasta el punto que casi al final de su vida publicó el libro “Relatividad, una nueva teoría” (1960). Javier Turrión exhuma un fragmento del “Diario de viaje de Einstein”, donde se puede leer con fecha del nueve de marzo: “Viaje a las montañas y Escorial. Un día maravilloso. Por la tarde, una recepción en la Residencia, con discursos por Ortega y por mí”.

Durante su estancia en Madrid, Albert Einstein recibió dos nuevas peticiones: una de Valencia, para que diese allí un ciclo de charlas, que rechazó, y otra de la Academia de Ciencias de Zaragoza, que aceptó. El doce de marzo salió de la capital de España y llegó aquí, donde le fueron a recibir, entre otros, el profesor Antonio de Gregorio y Rocasolano, que era una institución en la ciudad y acababa de recibir la Cruz de Alfonso X el Sabio.

La lista de personalidades era amplia; estaba el cónsul y fotógrafo Gustavo Freudenthal con su joven y “hermosa” hija Margarita, que le regaló un ramo de flores a Elsa. Había estudiantes y algunos súbditos alemanes. El catedrático Jerónimo Vecino hizo de maestro de ceremonias: presentó a los Einstein a las autoridades. Iban a permanecer aquí alrededor 50 horas, antes de partir hacia Bilbao. Abandonaron la estación con su séquito en un coche de alcaldía y se trasladaron al hotel Universo. El programa iba a ser muy apretado. ¿Cómo era en realidad aquel sabio? Los periodistas, tanto de HERALDO como de “El Noticiero”, se fijaron no sólo en la dimensión y en la profundidad de su pensamiento (en ocasiones parecían pedir casi disculpas a los lectores por no entender las cosas que decía, aunque no obviaron los pormenores de su ciencia. Escribe uno: “Yo no lo entiendo, pero es una eminencia”), sino en el perfil inmediato del hombre: fumaba mucho, pero no bebía alcohol ni café, dijo que dormía de nueve a once horas diarias, y glosó la importancia de Ramón y Cajal; además se confesó lector de William Shakespeare y de Cervantes, tanto de sus “Novelas ejemplares” como de “El Quijote”, y expresó que su autor poseía “un humor encantador”. Otro periodista observó que “su voz es muy simpática, dulce, modesta y melodiosa”.

DOS CONFERENCIAS  

La primera conferencia la impartió, a las dos horas de haber llegado a Zaragoza, en el salón de actos de la Facultad de Medicina, abarrotado de público. Presidieron el acto el rector Ricardo Royo Vilanova, el general Mayandía, el decano Gonzalo Calamita, Lorenzo Pardo, secretario de la Academia de Ciencias (que lo nombraría académico correspondiente), el citado Antonio de Gregorio Rocasolano, presidente a su vez de la institución, y Jerónimo Vecino, que explicó la importancia de su figura. Y Einstein abordó, en un francés nítido y sencillo, “algunos rasgos salientes de su teoría de la relatividad”. Citó la relatividad filosófica e invocó a Galileo, Copérnico, Newton y Kepler. Clausuró el acto Lorenzo Pardo, quien recordó que “los laboratorios de Zaragoza han trabajado varias veces sobre los notables estudios del físico ilustre”.

Esa noche, en los salones del consulado alemán (que estaba en el Coso, donde está ahora el Savoy), se celebró una fiesta “con gran distinción”. Recoge Turrión que De Gregorio Rocasolano “excusó su asistencia por el luto debido al reciente fallecimiento de su hermano”. El detalle más emotivo de la noche correspondió al momento en que “el sabio alemán lució su arte maravilloso con el violín, acompañándolo al piano la señorita Castillo. A la fiesta, que resultó agradabilísima, asistieron además de los citados, la señora Castillo, los señores de Bescós y otras varias damas y caballeros, cuyos nombres no citamos por incurrir en lamentables omisiones. Al final se sirvió un cava de honor brindando el Freudenthal por el doctor Einstein y su distinguida esposa, y el sabio alemán por la prosperidad de España y Alemania”, según publicó “El Noticiero”. Jerónimo Vecino haría al día siguiente una síntesis del pensamiento científico del sabio en un artículo aparecido en las páginas de este diario donde se conjugaba el rigor y la amenidad.

LA ESTRUCTURA DEL ESPACIO

La segunda conferencia del profesor alemán de Ulm la impartió en el mismo lugar, hacia las 18.15 horas, que tuvo una asistencia algo menor, pero idéntico entusiasmo y fue “más bella si cabe, al decir de los inteligentes, que la primera”. Versó sobre la estructura del espacio. En el acto participó un alumno de Ciencias, Sanz, que ofreció a Einstein el fruto de “una colecta hecha entre la simpática y siempre altruista masa escolar, con destino a mitigar la penuria de sus hermanos de las Universidades alemanas”.

Se produjo una anécdota deliciosa: Einstein realizó ecuaciones, garabatos y dibujos sobre la pizarra. El rector Royo Villanova dijo que le gustaría eternizar ese momento. El cronista de HERALDO escribió: “Para que quede algo perenne y constante del paso de Einstein por la Universidad, dijo Royo, he rogado al sabio profesor que no borre y avalore con su firma los dibujos hechos en las pizarras durante la conferencia. Éstos serán convenientemente fijados y conservados a fin de poder mostrarlos a las generaciones venideras, como reliquias de la fecha de hoy”.

El periódico “El Día” también se hizo eco del acto. Su redactor Emilio, en la sección “Cuartillas de un mundano”, escribe con gran sentido del humor: “El sabio profesor se adelanta a la pizarra. Todas las respiraciones quedan cortadas para no perder sílaba de lo que allí se va a decir. En la concurrencia figuran bastantes señoras. (...) El salón de actos de la Facultad parece más solemne y severo que nunca. Es un sabio. Todo un sabio de verdad quien emite sus ideas revolucionarias sobre algo abstracto. Para la mayoría de los oyentes, toda aquella larga disertación viene a ser algo así como un jeroglífico. Sin embargo, nadie pierde detalle. Los rostros presentan una angustiosa sensación de querer comprender todo lo intrincado de aquellas palabras. No se siente el vuelo de una mosca. (...) Hay algún oyente que pretende escabullirse del salón. En su cerebro, la teoría de la relatividad ha tomado posiciones que pesan demasiado sobre la sustancia gris. Cautelosamente llega a la puerta del salón. El profesor queda ante la pizarra. Pero estas cosas o se organizan bien o no se llevan a cabo. Y el oyente comprueba espantado que la puerta del salón está cerrada mientras dure la conferencia. Para que no se escape nadie... ¡Oh, admirable espíritu organizador!... ¡Cómo nos ha conocido a todos!... Einstein sigue perorando”.

Javier Turrión, profesor de Física Química, valenciano del 47 pero afincado en Zaragoza, no sin un fino sentido del humor, anota que de forma mucho más discreta, las secretarías registraron las cuentas de la presencia del sabio en Zaragoza. Percibió 575 pesetas por cada conferencia y 250 pesetas más para gastos. Einstein, un enamorado de la arquitectura y del arte en general, no sólo impartió dos conferencias, sino que quiso conocer la ciudad y visitó el ya famoso laboratorio de Investigaciones Bioquímicas del profesor Antonio de Gregorio Rocasolano, que también había recibido a otros sabios europeos como Zsigmondy y Sabatier, como podemos ver en el libro “Una década de política de investigación en Aragón (1984-1993)” (DGA, 1993).

La mañana del trece de marzo, el día de su segunda conferencia, Albert y Elsa Einstien visitaron “los principales monumentos artísticos”. Estuvieron, con sus anfitriones, en la Basílica del Pilar, donde visitaron “el valioso joyero de la Virgen. La visita a La Seo fue muy detenida, y de ella salió entusiasmado el ilustre huésped”. Todas las crónicas insisten en la admiración que le suscitó la catedral de El Salvador. También estuvo en la Lonja y en el palacio de la Aljafería. También realizó pequeños paseos, en coche y a pie, por las afueras de la ciudad, por las huertas.

Y al mediodía, las autoridades de Zaragoza le ofrecieron un “espléndido banquete” en el Casino Mercantil, en el cual estuvieron el alcalde señor Fernández, el gobernador Fernández Cobos y el cónsul Freudenthal. En ese acto, el catedrático rindió honores en “correcto alemán” a Einstein, quien había mostrado “visible complacencia” y agradeció cuánto había en sus palabras de “lisonjero para su patria y para él”. Dijo que en Madrid y Barcelona había vivido el encanto de nuestro arte, “que tan bien expresa nuestra personalidad, pero que era en Zaragoza donde, admirando los monumentos arquitectónicos, había encontrado una expresión más robusta y elocuente de nuestra fisonomía regional. Y refiriéndose a los buenos deseos del Dr. Miral, abundó en la confianza de que se llegue a salvar la crisis de Alemania para hacer posible la urgentemente necesaria reconstitución de Europa”. Estos fueron palabras aparecidas en “El Noticiero”.

“EL ALMA DE ESPAÑA”

HERALDO observó también otros detalles como la vibración sentimental del sabio ante el compás de la jota. Los Einstein coincidieron aquí con un gran pianista, compatriota suyo, Saüer. A los postres del almuerzo, fueron sorprendidos con la incorporación de una rondalla. Anota el cronista: “Dos baturricas jóvenes, casi unas niñas, cantaron y bailaron nuestro bravo, armonioso himno inmortal. Y Einstein, el calculador, el hombre especulativo, sumido, de ordinario, en las grandes abstracciones y las grandes complejidades de la ciencia física, se emocionó profundamente, y, abrazándola, besó en la frente a una de las cantadoras, con un gesto entre admirativo y paternal. Fue un momento interesantísimo, que Einstein quiso perpetuar, retratándose con la pequeña jotera en su regazo”. Y la nota finaliza con una observación semejante a la anterior: Einstein sintió en Zaragoza más que en ningún otro lugar el pálpito del “alma de España”.

El catorce, en el rápido de la tarde, los Einstein, Elsa y Albert, partieron hacia Bilbao poniendo punto y final a su breve periplo zaragozano.

sábado, 8 de octubre de 2022

Pilares 2022

Tras dos años de hacer el imbécil, hoy, día 8 de octubre, comienzan las fiestas en honor a Nuestra Señora del Pilar.

Sí. Dos años haciendo el imbécil porque no sé para qué tanta restricción, tanto distanciamiento ni tanta gaita cuando, al final, estamos haciendo lo mismo que antes de que petara toda la mierda de la pandemia. Ahora, alegría, en unos días, contagios a porrillo. O no. Ojalá.

Dejo, una vez más, el último pregón, el de B Vocal en los Pilares de 2019.

Los que os quedáis, que las disfrutéis. Los que os marcháis porque no aguantáis tanto ruido, garrulismo y paletismo, qué envidia me dais.

lunes, 25 de julio de 2022

30 años de Barcelona 92

Hoy, 25 de julio de 2022, se cumplen 30 años de la inauguración de los Juegos Olímpicos de Barcelona. Los mejores juegos olímpicos de la historia tanto para unos como para los más expertos en la materia.

Aquellos juegos supusieron el germen de los éxitos deportivos de los que hemos disfrutado y seguimos disfrutando a día de hoy.

 

Fueron unos juegos olímpicos brutales, con estrellas, momentos icónicos para el recuerdo, con cracks, con héroes y heroínas inesperados... Los juegos de Cobi, de la mejor música, de las mejores ceremonias, de la mejor organización y de la demostración final de que España estaba lista para albergar cualquier tipo de evento, sea cual fuere su magnitud.

De hecho, lo llevo pensando desde no hace mucho. Muchos sabemos cuál fue el inicio de la transición, pero, ¿sabemos qué hecho marcó el final de la transición democrática? Sinceramente, y desde mi punto de vista, creo que la inauguración de los juegos de Barcelona supusieron el final del camino hacia la democracia.

lunes, 17 de enero de 2022

El #BlueMonday no es el día más triste del año

Desde 2005, cuando llega el tercer lunes del mes de enero, las redes sociales y los medios de comunicación se llenan de mensajes y noticias que hablan de esa jornada como ‘el día más triste del año’, siendo utilizada la etiqueta #BlueMonday para darle una mayor visibilidad.

Aunque han tratado de convencernos de que el ‘lunes triste’ es consecuencia de un concienzudo análisis de todos los días del año, la incidencia que tiene ese día en el estado de ánimo de las personas y múltiples variantes como puede ser los días que han pasado desde que se acabaron las vacaciones de Navidad, el grado de (in)satisfacción tras no haber cumplido (supuesta y mayoritariamente) los ‘propósitos de Año Nuevo’, la famosa ‘cuesta de enero’, los días que faltan para que llegue un puente o vacaciones y todo ello agitado en una coctelera y disfrazado de ecuación matemática es lo que dio como resultado que el tercer lunes de enero fuese nombrado como el más deprimente.

Detrás de dichas conclusiones se encontraban dos elementos: por un lado el psicólogo Cliff Arnall, quien había desarrollado una supuesta fórmula por la cual determinaba que ese día era el más triste del año y, por otro, la agencia de viajes Sky Travel, que fue quien hizo el encargo al investigador para lanzar una campaña publicitaria con la que incentivar a la población a contratar viajes y escapadas con el fin de superar con más optimismo ya no solo esa jornada sino el mes de enero en sí.

Los resultados del informe de Cliff Arnall los disfrazaron como oficiales y científicos, ya que fueron acompañados del supuesto aval de la Universidad de Cardiff, donde el investigador había estado ejerciendo como profesor, aunque en el momento de lanzarse la campaña del Blue Monday ya no trabajaba para dicha institución (y así lo hicieron saber, por activa y por pasiva, los responsables universitarios).

Muchos son los medios e investigadores científicos que llevan años tratando de advertir que el Blue Monday no es más que un despropósito y el resultado de una patraña (que incluso ha tomado tintes supersticiosos y pseudocientíficos) y que en realidad este día no deja de ser ni mejor ni peor que cualquier otro lunes del resto del año.

Cabe destacar que se bautizó como ‘Blue Monday’ debido a que, en inglés, el término ‘blue’ no solo se utiliza para el color azul sino también para referirse al estado de tristeza y melancolía y es muy común que en la cultura anglosajona se use este color para representar ese estado de ánimo (de ahí que en la película de la factoría Disney ‘Inside Out’ el personaje que encarna a la tristeza sea azul).

 

Como apunte final, señalar que desde hace varios años (y tras las múltiples críticas recibidas) el propio Cliff Arnall se ha convertido en un acérrimo defensor y activista del #StopBlueMonday.

Qué queréis que os diga, a mí estas cosas del lunes más triste del año y el día más feliz del año me parecen unas chorradas tan grandes como pianos de cola... Eso sí, reconozco que es un temazo ochentero del grupo británico New Order.

sábado, 9 de octubre de 2021

Pilares 2021

Hoy tendrían que comenzar oficialmente las Fiestas en honor a Nuestra Señora del Pilar, del 9 al 17 de octubre.

Pero como aún estamos en tiempos de pandemia, aunque hayan sido "suspendidas", hay una denominada "Semana Cultural", o, para que nos entendamos y nos dejamos de las tontadas pueriles de los políticos estúpidos que tenemos que aguantar: las denominadas "no fiestas". Con sus "no botellones", con sus "no conciertos", con sus "no encuentros con familiares", con sus "no cenas con amigos", con sus "no ferias", con su "no recinto ferial", etc., etc., etc. 

Semana cultural... sí, de la CULTURA DE BAR. Menuda soplaguindez, sin acritud. Está más que claro que si la petarda de la vicealcaldesa naranjita, Sara Fernández, no monta unas fiestas, le da un algo, un chungazo, o REVIENTA. En fin.

Y, a diferencia de la entrada que hice hace dos años, esta vez SÍ HAY VÍDEO del pregón. De los últimos pregoneros hasta la fecha, el cuarteto B-Vocal. Del mítin aquel disfrazado de pregón que dieron aquellas pedorras en el balcón del Ayuntamiento, ni hay vídeo en YouTube y ni está ni se le espera... Por cierto, Ander, majo, ni convocatoria con la selección española ni pregón ni gaitas...  ¡Qué mala suerte, chato! (aunque ya querría tener su mala suerte... (estar forrado, tener la vida resuelta... bueno, qué más da).

Como hay tantas opiniones como culos, ahí dejo la mía: no debería haber ni fiestas, ni semana cultural del bar, ni "no fiestas". Un poquito de empatía con Huesca, Teruel y todos esos pueblos que se quedaron sin fiestas por segundo año consecutivo. Pero bueno, que los políticos municipales y autonómicos que tenemos, como son tan guáis del Paraguay y saben tanto, ¡pues no pasa nada! Bah, pa qué... Es gastar energía tontamente.

Pasad buenos días y bueno, que paso de decir lo que debéis o no debéis de hacer. Id a donde queráis ir, con quien queráis y haced lo que os salga de los cojones y disfrutad bajo vuestra propia responsabilidad. 

Ojalá unas fiestas en condiciones en 2022, sin mascarillas, sin restricciones, sin listas y sin mierdas. Y yo pirándome bien lejos de Zaragoza para no tener que soportarlas.

domingo, 11 de octubre de 2020

Esta NO es la primera vez que no hay Fiestas del Pilar

En 1918, otra epidemia, en aquella ocasión de gripe, la mal llamada "gripe española", también obligó a suspender los festejos zaragozanos.

Cuesta aceptarlo, pero no. Mañana, 12 de octubre de 2020, no habrá Ofrenda de Flores a la Virgen del Pilar, columna de Zaragoza, de todo Aragón –dicen que, como todo ahora, habrá una ofrenda virtual–. Ni Ofrenda, ni pregón, ni Rosario de Cristal, ni cabezudos, ni grandes conciertos populares... hasta el bullicio de miles de peñistas –pilar de las fiestas– será silenciado por la pandemia del Sars-CoV2, que no da tregua ni a la devoción ni al sentir de todo un pueblo. Sencilla y lamentablemente, este año las fiestas –las "no fiestas", que, seguramente, renombraremos en las redes sociales como "los pilares del coronavirus"– han sido suspendidas para evitar las grandes aglomeraciones, propagadoras, aliadas fieles y devotas del coronavirus.

Pero esta no es la primera vez que los zaragozanos hacen frente a una situación similar: hasta que alcanza la memoria y las crónicas, es la segunda. Hace poco más de un siglo, en 1918, con una guerra mundial que daba sus últimos coletazos, la pandemia provocada por la mal llamada "gripe española" –que diezmó el planeta causando más de 50 millones de muertos (300 000 en España y unas 1000 en Zaragoza)– obligó al consistorio zaragozano, a instancias del Gobierno Civil, a suspender las Fiestas del Pilar. Primero, se pensó en retrasarlas al 20 de octubre; después, a noviembre; y, finalmente, a mayo de 1919, que fue cuando se "celebraron", coincidiendo con las peregrinaciones de entonces y la conmemoración de la reconquista de Zaragoza por Alfonso I el Batallador. Pero ya no fue lo mismo. Nada fue igual.

Y nada, ni la fiera "gripe española", que se detectó en Madrid en la segunda quincena de mayo de 1918, a la par que las Fiestas de San Isidro, ni nadie, hacían presagiar que aquel año no se celebrarían las Fiestas del Pilar en Zaragoza.

Sin ir más lejos, el 7 de mayo, la Comisión de Festejos del Ayuntamiento de Zaragoza, que se había reunido para cambiar impresiones y preparar con tiempo las Fiestas del Pilar, acogía con agrado la idea sugerida por HERALDO DE ARAGÓN de celebrar durante las fiestas un "Homenaje de la vejez". A los pocos días, el empresario zaragozano Nicolás Escoriaza proponía organizar, en la Lonja de Zaragoza, una gran Exposición de Bellas Artes Hispano-Francesa, que, a su entender, “sería uno de los números más brillantes del programa de festejos, ya que el acontecimiento atraería a nuestra ciudad gran número de expositores y amantes de las Bellas Artes”. Incluso el alcalde de Valencia, Faustino Valentín, invitado por el concejal zaragozano Sánchez Mazariegos, había prometido –vía telegrama– asistir a las fiestas. La Casa de Ganaderos preparaba un gran concurso; se pensaba en una gran batalla de flores para inaugurar la pavimentación del Coso…

Un programa de festejos completo

Las noticias sobre la evolución de la epidemia llegan desde la capital de España: “No decrece en Madrid esta epidemia, que ha atacado ya a casi la mitad del vecindario”, publica HERALDO el 27 de mayo, en su sección "Por teléfono y telégrafo"; el propio rey Alfonso XIII y varios ministros se encuentran aquejados. Mientras, en Zaragoza , “aumentan las invasiones”. “Unos antes, otros después serán pocos los que dejen de sentir los efectos del famoso ‘soldado de Nápoles’, como dicen por Madrid, o de la “película gripal”, como la denomina el doctor Royo Villanova”, publicaba este diario, en su edición del 2 de junio. Pero, aunque los casos se multiplican, la "enfermedad de moda" o "del día" –como también se la conoce– no merma los ánimos festivos. Ni de lejos. De hecho, en el mes de agosto, en lo referente a los festejos pilarísticos, preocupaba más la falta de financiación para cubrir los gastos. “Las dificultades que se presentan este año son muchísimas, debido a que la suscripción pública no responde...”, podía leerse en HERALDO, el día 8 del citado mes, que los posibles efectos de la pandemia en los mismos. Así las cosas, lejos de amilanarse, los miembros de la Comisión de Festejos –en nota oficiosa– avanzaban el programa de Fiestas del Pilar de 1918: “Cinco grandes corridas con los mejores elementos, en cuanto a toreros y ganado se refiere” –estaban anunciadas máximas figuras como Joselito y Rafael, el Gallo, que se despedía de los ruedos en el Coso de La Misericordia–; un homenaje a Tomás Bretón, que estaba componiendo el poema musical "Aragón" para la ocasión; el célebre e incondicional Concurso Regional de Bandas Civiles; carreras ciclistas en el paseo de la Independencia; fiesta popular y concurso de globos en el Campo del Sepulcro; pasacalles; ronda con cucañas y premios en metálico; fiestas populares en distintos barrios; fuegos artificiales, etc.

A principios de septiembre, a la sempiterna polémica por el cartel de fiestas, calificado por alguno de “birria artística” e impropio de la importancia de Zaragoza, se sumaban nuevos actos de envergadura al programa, como la Semana deportiva –primera en su género– organizada de común acuerdo por las sociedades deportivas Zaragoza e Iberia.

Socorro desde la capital

Pero, pese al optimismo, ya en septiembre, la epidemia empezó a revelarse con toda su crudeza. En Almonacid de la Sierra, la situación es dramática: “Baste decir que es una excepción la casa donde no existen dos o tres casos. El personal sanitario es insuficiente, siendo urgentísimo que se envíe socorro desde Zaragoza”, publicaba HERALDO el 22 de septiembre de 1918. Al día siguiente, en la capital, se toman nuevas medidas preventivas para frenar la epidemia y el Ayuntamiento dispone que “en los teatros, cines y hasta en las iglesias se observen con todo rigor las prescripciones sanitarias, procurándose que, en todo momento, haya en estos locales la ventilación necesaria”. Y ordena a la policía urbana y guardia municipal que se realicen visitas de inspección a los domicilios particulares, “dando inmediato aviso a la Alcaldía de todas las infracciones que se adviertan contra la higiene”. Los inspectores de Sanidad ponen en alerta sobre “los abusos que se vienen cometiendo en la acequia de San José”, donde son arrojadas “toda clase de inmundicias de las casas” y las mujeres acostumbran a lavar “todos los cacharros y ropas, sin tener en cuenta que aquellas aguas son utilizadas para la bebida”. Para tomar cartas en el asunto y castigar a los infractores, se establece un servicio de vigilancia en el camino de las Torres. La Alcaldía tampoco está dispuesta a permitir la instalación de circos o barracas de fieras durante las Fiestas del Pilar, por lo que recomienda a la Comisión Municipal de Hacienda, “que no sean subastados esta clase de puestos”. “Las fieras –continúa el cronista– como es sabido, no se alimentan de merengues, ni de alpiste, como los canarios, sino de caballerías que son sacrificadas en el mismo lugar o barraca, en donde aquellas se exhiben, cubriéndose la sangre con tierra que a poco entra en descomposición, constituyendo un peligro para la salubridad”. También se clausura la cloaca situada detrás del cuartel de San Lázaro “de la cual salen hedores que envenenan la atmósfera”. Tal era, en septiembre de 1918, la situación higiénico-sanitaria de la capital del Ebro.

La epidemia arrecia en los pueblos

Lejos de mitigarse, en las poblaciones zaragozanas los contagios se disparan: 300 “atacados” en Gotor, “habiéndose registrado seis defunciones”; en Cariñena “hay actualmente 200 enfermos”; 550 en Almonacid de la Sierra y se han registrado casos en Alpartir, Alfamén y Ateca; en Longares “la epidemia reviste caracteres más graves”. El inspector provincial de Sanidad, Sáenz de Cenzano, “que ha estudiado de cerca la enfermedad”, dice que se trata de una gripe semejante a la de la pasada primavera, pero “con caracteres de mayor gravedad”. Y cree que ha podido influir en la propagación “la aglomeración de gentes en locales pequeños, por motivos de las fiestas, que en estos pueblos se han celebrado”.

En vísperas de las Fiestas del Pilar –29 de septiembre de 1918– todo seguía su curso y se advierte ya en la ciudad la presencia de forasteros, muchos de ellos “conocidísimos”, pues son feriantes –entre ellos el señor Feijoó, dueño del célebre circo del mismo nombre–, que vienen todos los años a Zaragoza y que “anticipan el viaje” para participar en la subasta de puestos. Según informa HERALDO ese día: “Si las noticias que se tienen son ciertas y los feriantes se confirman, este año la exhuerta de Santa Engracia y la plaza y terrenos cercanos se cubrirán materialmente de garitas y barracones de espectáculos”. Un año más, como de costumbre, la ciudad se prepara y durante las fiestas se intensificará el alumbrado “mediante la colocación de potentes focos e iluminaciones particulares" en las plazas de La Libertad, La Seo, Lanuza, San Pablo, San Miguel y Portillo, y calles del Coso, Manifestación, Cerdán y Sobrarbe. “Se colocarán también focos en las puertas de entrada a la ciudad y lucirán espléndidas iluminaciones en todos los monumentos y el kiosko de la música. Por luz no ha de quedar”. A punto de terminar las grandes reformas de sus comedores, el Zaragoza Palace-Hotel, tenía previsto abrirlos al público durante las fiestas.


Sin embargo, la epidemia es el tema general de conversación, está en boca de todos y, aunque parece que no está todavía extendida por Zaragoza capital, “la gripe –podemos leer en las ‘Notas de sociedad’ del HERALDO del 2 de octubre– ha traído a los cuarteles de invierno a algunos rezagados del verano”. “Hay pocos casos, pero graves y todos importados. De San Sebastián –lugar de veraneo de lo mejor de la alta burguesía zaragozana– han venido algunos leves, que se van curando”. Mientras, el corresponsal de este diario en Vistabella de Huerva, localidad del Campo de Cariñena, informa de que en siete días los “atacados de gripe” pasan de ochenta, algunos de ellos graves, y es “desconsolador ver a familias enteras contaminadas, sin poder auxiliarse unos a otros; viéndose un grave conflicto por la falta de leche, indispensable en esta enfermedad”. Y en Salillas de Jalón, el Ayuntamiento y la Junta de Sanidad, se han visto obligados a suspender los festejos que se estaban celebrando en honor de Nuestra Señora del Rosario. Ante el empeoramiento de la situación, Félix Martínez Lacuesta, Gobernador Civil de Zaragoza, prohíbe las ferias y fiestas de todos los pueblos “epidemiados” y hace un requerimiento a los médicos “que quieran ir a prestar auxilio para que vayan a inscribirse al Gobierno civil”. De Calatorao llegan "noticias alarmantes", donde hay más de "700 atacados".

Zaragoza, libre de la epidemia

Requerido por los periodistas de HERALDO, sobre la situación en la capital, Martínez Lacuesta responde que no tiene informes oficiales de que haya aparecido la epidemia; “por el contrario, todas las noticias que se reciben son francamente satisfactorias”. “Sin embargo, se sabe –continúa informando el reportero– de algunos casos aislados que demuestran la existencia de la gripe en Zaragoza; pero que no influyen sensiblemente en el estado sanitario”. Sobre los posibles efectos del virus en las Fiestas del Pilar, el gobernador ya había “conferenciado” con el alcalde de Zaragoza, Julián Alberto Cerezuela, para que abordase el tema y fuera la representación de la ciudad la encargada de tomar la decisión. Actitud similar mantiene el rector de la Universidad de Zaragoza, el doctor Ricardo Royo Villanova. No parecía muy apropiada la clausura del centro, cuando la Junta de Sanidad no había declarado aún la existencia de la epidemia; “y no iba a ser la universidad la que tomara, con grave daño para Zaragoza, una actitud alarmante, que casi todos juzgarían prematura”.

¿Conviene celebrar las fiestas?

El 2 de octubre, el alcalde de Zaragoza, a las cuatro y media de la tarde, abría la sesión plenaria para, entre otras cosas, sancionar el programa de las Fiestas del Pilar, organizado por la Comisión permanente de Festejos. Durante la sesión, se trató ampliamente el estado sanitario en la provincia “como consecuencia de la epidemia gripal importada de otras provincias”. Rompió el fuego el concejal republicano Algora, al manifestar al temor de que “la afluencia de forasteros con motivo de las fiestas próximas contribuya a que nuestra ciudad sufra los efectos de la epidemia gripal extendida actualmente en gran parte de España y que tantas víctimas viene ocasionando”. 

De la gravedad de la situación –según el concejal– daban buena cuenta la preocupación del Gobierno y las órdenes “terminantes”, enviadas a los gobernadores civiles y Juntas provinciales y locales de Sanidad “para que extremen las medidas en evitación del contagio”. “En Zaragoza no existe la epidemia –afirmaba–. Tanto la Junta de Sanidad como el alcalde, nos han dicho que no hay gripe, y por eso no me atrevo a pedir la suspensión de las fiestas, que, de otro modo, pediría, arrostrando la responsabilidad que pudiera caberme en ello”. 

El concejal argumentó que tampoco había gripe en Logroño ni en Almonacid de la Sierra –desde donde, el 22 de septiembre, se hacía un llamamiento urgente a la capital en petición de socorro–, cuando ambas poblaciones celebraron sus fiestas, pero que, después, se desarrolló la epidemia en términos alarmantes en ambas poblaciones. “¿No puede ocurrir esto en Zaragoza?”, exhortaba al pleno el señor Algora, para concluir que el Gobierno, el gobernador y la Junta provincial de Sanidad “son los obligados a decir si Zaragoza, en la ocasión presente y en las circunstancias sanitarias en toda España, debe o no celebrar sus fiestas” y proponer que el alcalde se dirigiera “urgentemente” al Cuerpo médico de la Beneficencia municipal y a la Junta provincial de Sanidad para que dijeran “claramente, si la afluencia de forasteros podía contribuir a que en Zaragoza –que ahora se haya libre– podía desarrollarse la epidemia gripal”. “En tal caso –terminó diciendo el concejal– no será el Ayuntamiento el responsable de la suspensión de las fiestas. Esta determinación compete a la Junta provincial de Sanidad y al gobernador”.

Tras las réplicas del alcalde y de otros concejales, manifestando que en Zaragoza no había gripe y, por lo tanto, tampoco motivo para “zozobras y alarmas” y mucho menos para una consulta que “podía originar un perjuicio en la ciudad por la ausencia de forasteros”, quedaba aprobado el programa de las Fiestas del Pilar de 1918 y se sometió a votación la proposición de Algora, que salió adelante por 17 votos a favor y ocho en contra. El alcalde se comprometió a trasladar la consulta y a convocar sesión extraordinaria del Ayuntamiento, “tan pronto recibiera contestación”.

Lógicamente, ante la indecisión, la inquietud va creciendo en la ciudad. “Hemos interrogado nuevamente al inspector provincial de Sanidad acerca de la propagación de la epidemia en Zaragoza”, afirma el redactor de HERALDO, en su portada del 4 de octubre. “Nos dice que, oficialmente, solo conoce siete casos de transeúntes, que están en el hospital. Pero los médicos no le han declarado otros y tiene que suponer que no los haya; aunque el rumor popular es bien distinto”, apostilla el periodista. Ante esta situación, el inspector no puede dar por declarada, oficialmente, la epidemia, lo que coloca al gobernador en una “difícil situación”, que no sabe si suspender las fiestas o autorizarlas, ya que la últimas disposiciones “solo ordenan la suspensión en los lugares donde se haya declarado la epidemia”. El gobernador quiere que decida la ciudad y en su informe, le indica al alcalde que se tengan en cuenta “intereses comprometidos en la cuestión y que, si bien con fiestas vendrán forasteros, no podrá evitarse que sin ellas vengan también algunos de los pueblos epidemiados”.

El acuerdo municipal de consultar al gobernador y a la Junta de Sanidad si debían celebrarse las fiestas o no acrecienta las dudas y genera “desorientación” e incertidumbre en la población. Entre los feriantes, la noticia “ha caído como una bomba” y muchos se concentran ante la Casa Consistorial para saber más “sobre el asunto”. La capital entera está expectante, pendiente de la respuesta del gobernador y de los responsables de Sanidad, mientras a la alcaldía sigue sin llegar parte médico alguno que confirme el primer caso oficial de gripe en Zaragoza. “Los médicos saben que están obligados a participarme inmediatamente el primer caso que ocurra, y cuando nada dicen es señal de que la salud es excelente”, declaraba a este periódico, el 3 de octubre, el alcalde, que advertía de que si la epidemia se “desarrollaba” en Zaragoza, los enfermos no podrían ser ingresados en el hospital civil, “porque se carece en el edificio de un pabellón para tales fines”, por lo que se habilitaría un pabellón ad hoc en las afueras de la población, “probablemente, en el monte de San Gregorio o en Valdespartera”. A la espera de noticias, Cerezuela proseguía con sus obligaciones, inspeccionando la limpieza y condiciones de seguridad de los coches de punto –los taxis del momento– y negando la autorización a un feriante, que pretendía exhibir durante las fiestas “unas cuantas fieras”.

Y, como cabía esperar,las noticias llegaron. El 4 de octubre, los inspectores de Sanidad dan cuenta al alcalde de que se han registrado “14 o 15 casos de gripe”, en la capital, denunciados por los médicos que los asistían. “Particularmente, se decía que varias familias, llegadas recientemente de algunos pueblos de la provincia, invadidos por la epidemia, y de otras poblaciones veraniegas, donde la gripe hace verdaderos estragos, se hallaban recluidas en sus domicilios bajo los efectos del mal". Particularmente, se decía por parte de los médicos que se habían registrado varios casos de carácter benigno, pero faltaba la confirmación oficial de la aparición de la epidemia y esta solo podían darla los médicos”, publicaba HERALDO, a toda plana, en su edición del 5 de octubre. 

El segundo brote de la epidemia de gripe, cuya primera oleada, más benigna, se había producido en primavera, se extiende ya por la capital y son muchos los médicos que opinan que “las fiestas deberían ser suspendidas”. El alcalde de Zaragoza convoca para esa misma tarde del 4 de octubre una sesión extraordinaria de la Corporación Municipal, en la que se leyó el escrito de los médicos del Cuerpo de la Beneficencia, que reconoce que las aglomeraciones que se producen en las fiestas aumentan el peligro de propagación de la enfermedad; aun así, la alcaldía entiende que la decisión de suspender o no las fiestas corresponde al gobernador civil.

Salus populi, suprema lex

Peloteo imperdonable”, podía leerse en la portada de HERALDO del 6 de octubre. “En vísperas de las fiestas –continuaba–, a punto casi de prenderles fuego a las bombas reales y voltear las campanas, llevamos casi una semana discutiendo si los festejos deben celebrarse o suspenderse por temor a la epidemia. Nadie tiene el valor preciso para pronunciar la palabra definitiva. Y, con estos titubeos, se hace más daño a la ciudad que con una decisión, aunque fuese equivocada (...) Lo que no puede hacerse es seguir levantando una polvareda que daña gravemente a la población y siembra dudas e incertidumbres en todos”.

Impacientes y nerviosos, empresarios de espectáculos “gariteros”, industriales, aficionados a la fiesta taurina... esperaban en la calle. Después de tres horas de reunión con el gobernador, el 6 de octubre, la Junta provincial de Sanidad, “reconoce y proclama que no hay epidemia de gripe en Zaragoza” y que “a lo sumo habrá un pequeño amago, que lo mismo puede cortarse que extenderse”; pero que, al mismo tiempo, “tiene que reconocer y proclamar que la aglomeración originada por las fiestas encerraría un muy serio peligro de que la epidemia nos invadiera”. Y, sin dejar de tener en cuenta los grandes intereses ciudadanos y particulares “que se lastiman con una determinación tan radical como la de suprimir los festejos”, entienden que “salus populi, suprema lex” –la salud del pueblo es ley suprema–.

El gobernador civil tenía, pues, la última palabra. Por fin, en la sesión municipal del 10 de octubre, se daba cuenta del oficio de Martínez Lacuesta, “anunciando la supresión de las fiestas y ferias del Pilar, como medida de precaución encaminada a evitar la posibilidad de un contagio, con motivo de la aglomeración de forasteros”. En la misma sesión, el concejal Alfonso Valero, propuso que las fiestas fueran aplazadas para la “primera decena de noviembre”. Finalmente se trasladaron a mayo del año siguiente.

De las tres oleadas que tuvo la epidemia de gripe, la segunda, la más devastadora, se registró precisamente en aquel mes de octubre. HERALDO DE ARAGÓN daba buena cuenta a diario en sus páginas del número de fallecidos en los pueblos de las tres provincias. En la capital aragonesa, que entonces tenía censados 135 000 habitantes, la pandemia dejó 1000 muertos a su paso, aunque fuentes más recientes elevan esa cifra a más de 3000. Ni la guerra de Marruecos, que en 1910 a punto estuvo de dar al traste con los festejos pilaristas, por la grave crisis económica que desató en la capital aragonesa, ni la posterior contienda civil (1936-1939) –por increíble que parezca– consiguieron lo que logró la pandemia de la mal llamada "gripe española" –al ser neutral, España fue el único país en hacerse eco de la epidemia–, en aquel 1918: suspender las Fiestas del Pilar de Zaragoza. Pero, como entonces, hoy, en las "no fiestas" de 2020: “Salus populi, suprema lex”.

Fuente: Heraldo de Aragón.

Fotografías: Archivo del Heraldo de Aragón.

Texto: Lucía Serrano

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En otro orden de cosas, este año, el post debería haber sido el que suelo hacer para desearos felices fiestas del Pilar, poner el cartel oficial y recordar el último pregón, pero no toca. No os voy a pedir que seáis responsables y que hagáis lo que creáis conveniente con tal de preservar vuestra salud y la de la gente de vuestro entorno. No soy nadie para deciros si debéis marcharos de puente o ir a ver los eventos que no se han suspendido con la que está cayendo. Eso sí, si pasa algo y empeora la situación (más todavía), no quiero ni aplausos, ni tontadas, ni lloros, ni la madre que parió a Paneque. Allá vosotros, que ya somos mayorcitos.

jueves, 1 de octubre de 2020

Diez años

Cuando concebí la idea de tener un blog nunca pensé que lo iba a tener durante tanto tiempo. Pensé que lo tendría durante un tiempo y que, una vez que cerrara una etapa vital, me desharía del blog, haciendo que este fuera un simple recuerdo más.

Al principio tuve dudas, no sabía cómo iba a estructurar el diseño, no tenía ni idea de lo que iba a escribir… ¡Ni sabía cómo lo iba a llamar! Simplemente tuve la idea de crearlo y allá que fui. El 1 de octubre de 2010 me decidí emprender la aventura y que fuera lo que Dios (o el que fuera) quisiera.

Como digo, no sabía ni cómo lo iba a llamar, hasta el momento en el que escuché en la radio una canción llamada «Jodida, pero contenta», de la cantante Concha Buika. Fue como un momento de inspiración, un fogonazo, porque aquel título describía perfectamente cómo me sentía en aquel momento.

Nunca imaginé que hoy estaría escribiendo unas líneas acerca del décimo aniversario del blog. Cosa que, aunque suene a topicazo, se dice pronto. Diez años. Toma del frasco.

A lo largo de estos diez años el blog me ha acompañado en mayor o en menor medida en cada una de las etapas que he ido quemando en estos años. Etapas buenas, etapas sorprendentes y etapas no tan reseñables. Al principio, el blog iba a tener una entrada diaria, pero con la llegada de los quehaceres, obligaciones y prioridades que tenía uno, pues primero pasó a tener un par de entradas semanales, luego pasó a tener un par de entradas mensuales y ahora tiene entradas de manera muy esporádica y de carácter casi especial. 
 

En estos tiempos tan extraños en los que tenemos que vivir, el nombre del blog nunca ha tenido TANTO sentido. Podríamos decir todos que, a pesar de la situación y a pesar de todo, ESTAMOS JODIDOS, PERO CONTENTOS. Y a pesar de estar así, seguimos tirando palante, porque somos unos JODIDOS CAMPEONES.

 

 

Quiero daros las gracias a todos los que os habéis pasado por el blog, los que habéis empleado una miguita de vuestro tiempo a leer las cosas que he ido publicando y espero seguir viéndoos por aquí, porque el blog, lejos de desaparecer, va a continuar, espero, por muchos años más y, sobre todo, porque sigo deseando que Jodido, Pero Contento, siga siendo tu blog y el de cada día más gente (¡toma eslogan!).

 

¡Nos vemos!